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De vuelta a casa, de Costa Rica a España

Cuando llegamos a la Pensión La Cuesta ya no estaba Armando, estaba otro compañero que no habíamos visto hasta entonces. Nos hubiera gustado despedirnos de él, otra vez será…

El recepcionista nos pidió un taxi para que nos llevara al aeropuerto. El taxista fue muy amable y su conversación muy amena.

Pensión La Cuesta de San Jose, Costa Rica

Pensión La Cuesta

Una vez en el aeropuerto fuimos a que embalaran las mochilas en plástico, y ya listos pasamos a embarcar en la larga cola.

Nos hicieron quitar hasta los zapatos y después pasar por el detector de metales. Cuando pasé yo sonó fuertemente… pasé como dos o tres veces hasta que deduje que serían los aros metálicos del sujetador los que hacían sonar al detector. De allí pasamos al típico pasillo hecho por cintas que te hacen dar tantas vueltas hasta llegar a los mostradores donde sellan los pasaportes.

No nos esperábamos el impuesto de salida del país de 26$ por persona, creo que eso fue ya el primer vaticinio de nuestra accidentada vuelta, no nos pasó nada grave pero sí fue un cúmulo de incomodidades que hicieron nuestro regreso aun más pesado y largo.

En Madrid en el avión rumbo a San José, Costa Rica

Ya en el avión no funcionaba la conexión de audio de nuestros asientos, así que no pudimos escuchar música ni ver ninguna película. ¡Fueron 11 horas larguísimas! La tripulación en un principio se hacían los tontos, pero después de tanta insistencia de los veinticinco afectados nos dijeron que lo sentían y que nos compensaría de alguna manera la compañía.

¡Mentira!, pasado más de un mes y tras formular una queja solo recibí una disculpa, de esas que son esquematizadas y despersonalizadas. Desde aquí tirón de orejas para Iberia.

Cuando llegamos a Madrid recogimos nuestras cosas lo más rápidamente posible para tomar el metro que nos llevó hasta la estación de tren. Después de una cola de más de una hora en las ventanillas ¡No había ningún tren con plazas libres hasta el día siguiente! Así que tuvimos que tomar de nuevo el metro para ir a la estación de autobuses. Una vez allí y después de otra larga cola, pudimos comprar el billete de vuelta para salir cuatro horas más tarde en el autobús Madrid-Valencia. Esto implicaba que si se retrasaba y llegaba tan solo un cuarto de hora tarde (22:15) no podríamos coger el tren de vuelta a casa.

Como era previsible llegamos tarde, y mi prima y su marido tuvieron que venir a recogernos a la estación de autobuses de Valencia y llevarnos a casa.

Es posible que en otra ocasión después de un viaje tan largo pasemos la noche en Madrid para evitar este tipo de problemas.

 

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