Deir el-Medina en Lúxor: las tumbas de los artesanos de los faraones
Habíamos visto, hacía tan solo unas horas, todo el valle desde el aire, y ahora había llegado el momento de ver las coloridas pinturas de las tumbas del Valle de los Artesanos o Deir el-Medina.
Los artesanos tenían el permiso del faraón para tener sus propias tumbas, y podían trabajar en ellas durante sus días de descanso. Las pinturas de las tumbas de los artesanos están inspiradas en las que realizaban en las tumbas reales, con temas del Libro de los Muertos, entre otros.

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Datos prácticos del Valle de los Artesanos
📜Está a muy pocos kilómetros al sur de Sheikh Abd el-Qurna, cerca del Valle de los Reyes en la necrópolis de Lúxor, a sólo 1 km del Valle de las Reinas y próximo a su entrada.
📜El ticket de entrada incluye la visita a tres tumbas, pero al final vimos cinco porque en una de ellas son realmente tres, porque están enteradas una familia con tres cámaras mortuorias.
📜El horario de apertura de la necrópolis del Valle de los Artesanos es de lunes a domingo, desde las 6 de la mañana hasta las 5 de la tarde. La entrada es de pago.
📜Está permitido hacer fotografías con el móvil. Los vídeos y fotografías para uso personal tienen un suplemento adicional aparte de la entrada.
📜 El sitio no está adaptado para personas con movilidad reducida.
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El pueblo de Deir el-Medina y su necrópolis
El nombre del poblado en el Antiguo Egipto era Set Maat, «El Lugar de la Verdad». Los trabajadores que vivían en el pueblo eran llamados «los sirvientes en el Lugar de la Verdad». Pero el nombre por el que se le conoce actualmente es el árabe: Deir el-Medina, que proviene de una localidad cercana a la colina de Qurnet Mura, en la ribera occidental del Nilo, frente a la ciudad de Lúxor.
En todos los libros sobre Egipto se menciona que los obreros que trabajaban en la tumba del faraón se declararon en huelga porque no les pagaban. Existen documentos que registran la primera huelga de la historia, ocurrida durante la XX Dinastía. Fueron los trabajadores de Deir el-Medina quienes se declararon en huelga porque no recibían la comida ni la cerveza que les correspondía.
Además, se declararon en huelga más de una vez durante el reinado del faraón Ramsés III, de quien te contaré un poco sobre su ajetreada vida durante la visita a su tumba en el Valle de los Reyes (haciendo clic aquí).

Del poblado solo quedan los cimientos, lo que ayuda a hacerse una idea de lo que fue. Hay dos templos: uno dedicado a la diosa Maat y otro a la diosa Hathor, que, en la época en la que Egipto estuvo invadido por los romanos, fue convertido en una iglesia cristiana por los primeros cristianos (los coptos).
Se cree que el faraón Tutmosis I de la dinastía XVIII, padre de la reina faraón Hatshepsut y tatarabuelo del abuelo de Tutankamón, fundó un poblado amurallado con una sola puerta custodiada por soldados en pleno desierto. Lo hizo para mantener en secreto la ubicación de su tumba y evitar que fuera explorada o destruida, lo que habría impedido su renacer en el más allá.
Reunió a un pequeño grupo de los mejores artesanos, picapedreros, obreros, grabadores, escultores y pintores, junto con sus respectivas familias. Los oficios se transmitían de padres a hijos, y el faraón les proveía de comida, cerveza, vino, agua y todo lo que necesitaran del exterior. Los faraones que le sucedieron siguieron su ejemplo e incluso ampliaron el poblado con más trabajadores.

Las casas contiguas estaban construidas con paredes de ladrillos crudos mezclados con paja y contaban con cuatro habitaciones, lo suficientemente grandes para albergar a seis o diez personas. Con el tiempo, el poblado se fue ampliando.
Dentro del poblado, la vida social era sencilla. Los obreros y artesanos trabajaban en las tumbas del Valle de los Reyes, del Valle de las Reinas y en los templos funerarios, mientras que las mujeres permanecían en la aldea fabricando telas, haciendo pan o cuidando de los niños y ancianos.
Las jornadas de trabajo eran de ocho horas durante nueve días seguidos, seguidas de un día de descanso. Los trabajadores se dividían en dos grupos, cada uno con su capataz.

Solo los obreros podían salir del poblado para ir a trabajar. Los escribas anotaban las horas de trabajo de cada trabajador, capataz o escriba, registrando todas las entradas y salidas del poblado. Los demás miembros de la familia no podían salir al exterior.
El poblado estuvo habitado en el Imperio Nuevo durante casi 500 años, desde la dinastía XVIII hasta finales de la dinastía XX, cuando fue abandonado. El desierto lo cubrió y lo protegió hasta su descubrimiento por Schiaparelli.
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Mi visita a la necrópolis de Deir el-Medina
Llegamos en coche por una carretera asfaltada hasta Deir el-Medina. Tras subir unas escaleras a la izquierda, bajo un techito, se encuentra un pequeño centro de interpretación de Deir el-Medina, o el de los artesanos. Allí hay dos pequeñas maquetas del poblado y carteles informativos en inglés y árabe.
En la estructura abierta hay un ventilador de pared que me recordó a los que había en los edificios públicos cuando era niña. El guía nos dio una pequeña explicación y, a continuación, el tique de entrada a las tumbas que íbamos a ver.

Primero vimos la Tumba de Inherkhau (TT 359), seguida de «La triple tumba«, que incluye tres tumbas de la misma familia(TT 218, TT 219 y TT 220): la del padre, con dos de sus hijos.
Por último, visitamos otra de las más bonitas: la Tumba de Sennedjem, quien fue un artesano que trabajó en la necrópolis de los faraones Seti I y de su hijo Ramsés II.
La Tumba de Inherkhau (TT 359)

Inherkhau trabajó durante la Dinastía XX, en el reinado de Ramsés IV y Ramsés VII, como capataz. La tumba de Inherkhau contiene escenas del Libro de los Muertos, del Libro de las Puertas y del inframundo.
La entrada es la misma que la salida. Bajé unos escalones altos, agarrada a la barandilla, por una estrecha escalera hasta llegar a la primera antecámara. La habitación es muy estrecha y tiene también una barandilla.

Las paredes de la antecámara están desconchadas y muchas de las figuras están incompletas. El techo está en mejor estado; aún se pueden ver restos de las pinturas sobre el techo abovedado y las paredes, que son de vivos colores a pesar de estar muy deterioradas.
Continuamos y bajamos agachados por una estrecha escalera, descendiendo unos escalones también muy altos, hasta entrar en la cámara funeraria.

Una de mis guías de las tumbas de Tebas destaca que las imágenes representan escenas del Libro de los Muertos. Entre ellas, se encuentra un gato con orejas de conejo de Heliópolis, que representa a Ra matando con un cuchillo a la serpiente Apofis bajo el árbol sagrado. También se muestra al señor tocando el arpa delante de Inherkhau y su mujer, a la izquierda.
Las imágenes me parecieron un poco de una historieta, casi de caricatura, por las desproporciones de muchas de las imágenes, no soy una experta en arte, pero para mí no están muy equilibradas, sobre todo la gran mayoría de los cuerpos sobre un intenso fondo amarillo, y me gustaron muchísimo, fue un gran privilegio poderlas ver.

Una de las pinturas que más me gustó fue la barca con la pareja y los dioses Jepri, Thoth e Isis. Me costó fotografiarla debido a la cantidad de reflejos del cristal que protege la tumba de los visitantes.
La cámara funeraria tiene las mismas proporciones que la antecámara, 2 por 5 metros. Después del mini-reportaje, volvimos sobre nuestros pasos para visitar una tumba familiar.
Las Tumbas de la Familia de Amun Nakht (TT 218, TT 219 y TT 220)

La importancia de estas tres tumbas es por el hecho de pertenecer a la misma familia. Los egiptólogos destacan que las tumbas presentan dos estilos de decoración diferentes. Las dos salas de la tumba del padre son policromadas, mientras que las de sus hijos y esposas son monocromáticas.
La TT 218 pertenece a un artesano que trabajó para Ramsés II, Amennakht, y a su esposa Iyemwaw. La TT 219 es la cámara funeraria de su primogénito y también artesano Nebenmaat, junto con su esposa Mertseger. La tercera, TT 220, es la cámara funeraria del segundo hijo, el artesano Khaemteri, y su esposa Nofretsatet.

La entrada es también la salida. Tras bajar unos pocos escalones, me agaché para poder pasar por un estrecho y pequeño pasillo, completamente pintado con imágenes algo deterioradas.
Las paredes de la primera y estrecha antecámara de techo abovedado están un poco desconchadas, y algunas de las figuras están incompletas. Las pinturas o frescos de la TT 218, que pertenece a Amennakht y a su esposa Iyemwaw, están pintados sobre un intenso color amarillo, con vivos colores a pesar de estar muy deteriorados.

Después de fotografiar algunas imágenes, continuamos la visita y bajamos unos escalones por otro corredor, en el que también tuve que agacharme para poder acceder a la siguiente cámara.
Tras bajar los tres escalones, me agaché para poder entrar a la siguiente habitación. Ni el pasillo ni la sala tienen decoración. Después de bajar una nueva escalera, entré en la cámara funeraria TT 219, la de Nebenmaat, el primogénito, y su esposa Mertseger, que me pareció preciosa.

Sobre el fondo blanco con jeroglíficos en negro, las figuras parecían estar vivas. El amarillo tan intenso me resultó abrumador y encantador. Las pinturas del matrimonio aparecen por todas partes, haciendo ofrendas a diferentes dioses.
También se representan dos grupos de plañideras: las primeras están sentadas en el suelo y las segundas están de pie. Junto a ellas, hay un sacerdote con una piel de leopardo, que ocupa el mismo espacio que el grupo de plañideras.

Y, por supuesto, no podía faltar en la pared el dios Anubis momificando el cuerpo de Nebenmaat.
Es difícil explicar lo que sentí al entrar en la habitación.
Imagino que, al estar en un espacio tan pequeño, sudando por el calor y con una habitación tan decorada y llena de pinturas, no sabía dónde mirar.
El «efecto guau» me impresionó un poco y me mareó a la vez.
Después de recuperarme, hice unas cuantas fotos.
A la derecha hay una habitación cerrada al público donde estaba el ajuar funerario, que fue expoliado.

Continuamos la visita subiendo nuevamente la escalera por la que habíamos bajado agachados. Ahora la subimos para llegar a una sala sin decoración y acceder a una nueva capilla.
La tercera cámara funeraria, TT 220, es la del segundo hijo, Khaemteri, y su esposa Nofretsatet. Tiene un fondo amarillo, igual que la del padre, la TT 218. En la pared central aparecen motivos mucho más cotidianos que en las anteriores.

Me pareció también muy bonita, con el agua del Nilo bordeando las escenas de los trabajos en el campo y la barca sagrada. El sarcófago de esta tumba está en el Museo del Cairo.
Justo enfrente, pintada en la pared, está la delicada imagen del dios Anubis momificando al difunto. Después de mi visita, te dejaré unas notas sobre cómo se momificaba en el antiguo Egipto; pero por ahora, continúo con la visita.

Tras visitar la tercera cámara funeraria, TT 220, volvimos sobre nuestros pasos, pasando de nuevo por la cámara del padre, el estrecho pasillo en el que se debe pasar agachado, y finalmente salimos para visitar la última tumba del Valle de los Artesanos, la TT 1 que según los expertos, es la más bonita.
La Tumba de Sennedjem (TT 1)
Sennedjem trabajó durante la dinastía XIX para los faraones Seti I y Ramsés II. Aunque la cámara sepulcral de su tumba estaba casi intacta cuando fue descubierta, el ajuar funerario había sido expoliado, lo que ha impedido su estudio completo. La momia de Sennedjem se encuentra actualmente expuesta en el Museo del Cairo.

Descubierta en 1886, la tumba de Sennedjem y su mujer Iyneferti (TT 1) tiene un pasaje de entrada y la propia cámara funeraria.
La sala tiene 3 metros por 4 metros y es de las más bonitas de Lúxor y en ella se encuentra la famosa escena de trabajo en el campo de juncos, el paraíso del más allá para los egipcios, que suele mostrarse en casi todos los libros sobre el Reino Nuevo de Egipto.
En el interior de la tumba se encontraron veinte cuerpos de sucesivas generaciones, probablemente debido a la falta de espacio de enterramiento en el valle. Cuando el último dueño de la tumba fallecía sin descendencia, se le otorgaba a una nueva familia.

Esta tumba es la más cercana al pequeño centro de interpretación del Valle de los Artesanos, en Deir el-Medina. Tras descender por una larga escalera sin barandillas y con escalones desiguales, lo que me obligó a apoyarme en la pared, llegué hasta la cámara funeraria.
Las paredes del pasaje están enlucidas y carecen de decoración, al igual que los tramos de los descansillos, hasta llegar a la cámara funeraria.

Cuando por fin llegué, tuve que agacharme para poder entrar. En el techo del estrecho pasillo de entrada hay una pintura de Nut, la diosa del firmamento y protectora de los difuntos, junto a Ra, el dios del Sol.
La tumba está protegida con cristales, excepto en la bóveda, lo que dificulta fotografiar las bellas escenas debido a los reflejos causados por la iluminación.

Me resulta un poco incomprensible que, en una tumba que se abrió al público en el año 2016, la iluminación sea tan mejorable, especialmente en la mitad inferior, donde provoca numerosos reflejos. Esto resulta sorprendente, considerando que es una de las principales tumbas del Valle de los Artesanos por su belleza y estado de conservación.
Me acerqué a la pared para verla mejor y fue una grata sorpresa descubrir que contenía una de las imágenes más populares del antiguo Egipto: la del Campo de Juncos o paraíso. La había visto en un documental sobre Egipto unos días antes de viajar.

La tumba me encantó porque las pinturas en las paredes y la bóveda del techo son como pequeños fotogramas que nos cuentan una historia, con las imágenes destacadas en recuadros en las paredes y el techo.
Me pareció exquisita y a José también le entusiasmó. Después de visitarla, era obvio por qué es tan famosa, a pesar de su pequeño tamaño.

Hice algunas fotografías intentando evitar los reflejos de las imágenes, aunque no tuve éxito. Luego, nos agachamos nuevamente para salir, dando una última mirada, y subimos la escalera para salir al exterior, donde nos esperaba el guía para realizar la siguiente visita en Medinet Habu, el Templo de Ramsés III en Lúxor.
Mis sugerencias después de visitar el Valle de los Artesanos

Las explicaciones sobre los relieves o frescos se dan antes de entrar. No se permite que el guía entre en las tumbas. Si vuelvo, llevaré una buena guía visual que explique con imágenes lo más importante de las tumbas.
Las tumbas son hipogeos en los que, para ver sus pinturas, es necesario descender por escalones muy altos y, obviamente, después hay que subirlos. Por lo tanto, no son accesibles para personas con movilidad reducida.
Las tumbas que visité me encantaron, pero no recomiendo su visita a personas que sufran de claustrofobia, ya que muchas de las habitaciones son muy estrechas y, además, no tienen ventilación, lo que resulta más agobiante debido al calor.
Espero que hayas disfrutado de la lectura y que mi visita al Valle de los Artesanos te haya sorprendido o resultado útil.
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Notas viajeras
Con las tumbas tebanas, nunca se sabe si van a estar abiertas, ya que son propensas a aperturas y cierres temporales para su limpieza, investigación o conservación. Es conveniente, al planificar tu visita, tener un plan «B» y también un plan «C».
Te pueden servir de ayuda las cuatro pequeñas guías que he hecho con los dioses más representados y así saber quién es quién:
- Mitología egipcia I
- Mitología egipcia II
- Diosas y dioses del más Allá: Mitología egipcia III
- Cómo se Momificaban los Faraones en el Antiguo Egipto
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