Cómo se momificaban a los Faraones en el Antiguo Egipto
El proceso de momificación en el Antiguo Egipto era realizado por embalsamadores, con la participación de sacerdotes en algunos rituales. Todo el proceso duraba alrededor de setenta días y, normalmente, se momificaba a la realeza, a la élite y a los altos funcionarios.
Sin embargo, algunos artesanos del Valle de los Artesanos, en Lúxor, durante el Imperio Nuevo, recibieron permiso para excavar sus propias tumbas. 🧭 Te invito a que me acompañes en mi visita leer mi guía.
Obviamente, la momificación del faraón se realizaba para conservar el cuerpo, manteniéndolo en un estado divino e inmutable, purificándolo y secándolo hasta que quedara como una estatua. Al contemplar una momia en cualquier museo del mundo, resulta fascinante pensar cómo fue su vida, pero también hay algo morboso al mirarla, y ambos sentimientos están presentes en igual medida.

El Ka o fuerza vital
Los antiguos egipcios creían que el cuerpo y el Ka, o ‘fuerza vital’ (el alma), se separaban al morir, pero se volverían a unir al renacer. Si el cuerpo estaba bien conservado y era reconocible, podría sobrevivir, y el Ka le devolvería la vida en el Inframundo o en el Más Allá.
Para los antiguos egipcios, la vida en la tierra era un mero trámite, y la verdadera vida era la que venía después.
Por eso, la momificación del cuerpo era tan importante, pero también lo era la tumba, su casa para después de la muerte, destinada a la eternidad. La tumba debía permanecer intacta y no ser profanada, para que pudieran renacer.
La momificación
El embalsamamiento comenzaba cuatro días después del fallecimiento. Tras retirar el cerebro con un gancho por las fosas nasales, este se desechaba porque no lo consideraban relevante, el órgano importante era el corazón. Luego, la cavidad se rellenaba con betún líquido y otros componentes, que al enfriarse se endurecían. A continuación, los ojos se reemplazaban por pupilas de esmalte.

Se extraían los órganos internos mediante un corte con un cuchillo afilado de pedernal en el flanco izquierdo, para su posterior embalsamamiento. Tras limpiar el cuerpo con vino de palma, se rellenaba con bolsitas de hierbas aromáticas y resinas perfumadas.
Continuaba con la evisceración, que duraba unos quince días, tras los cuales el cuerpo se colocaba en un recipiente y se cubría por completo de natrón durante sesenta días, al igual que las vísceras que también se momificaban.
La deshidratación del cuerpo y vísceras, o el proceso del secado, se realizaba al sol con natrón, para evitar la putrefacción. Tras la pérdida del líquido del cuerpo, de los dos tercios de su peso, se daba por completado.

Al igual que el corazón, las vísceras se momificaban por separado, y colocándose en los cuatro vasos canopos, que se enterraban junto al difunto. En tiempos posteriores, los órganos momificados se colocaban dentro del cuerpo, y se dejaban los vasos canopos vacíos como parte del ritual funerario, aunque ya no se depositaban los órganos del difunto.
A continuación, se colocaba el corazón en su lugar. El corazón era el único órgano que se devolvía al cuerpo. Creían que en el corazón estaba el centro del conocimiento, la bondad, del intelecto y de la memoria.
Es por ello, que se recubría con un bálsamo vegetal cuando se le devolvía al difunto. Curiosamente, hoy en día, aunque sabemos que no es así, se le siguen atribuyendo las mismas cualidades.

El siguiente paso, se untaba el cuerpo con un bálsamo de aceite vegetal. Después, los espacios vacíos del cuerpo se rellenaban con cuidado dando forma o moldeando el cuerpo con resinas perfumadas, antes de ser envueltas con las capas de lino.
Se le envolvía con veinte capas de vendas de lino. Aunque muchas veces las vemos como un paquetito, lo cierto que las extremidades se vendaban por separado, también cada dedo de manos y pies por separado, los brazos, las piernas, el tronco y la cara. Se utilizaban unos trescientos metros de vendas de lino o incluso más.
Las vendas de lino también eran empapadas en resina para evitar la humedad y que el cuerpo no se pudriera. El lino y las especias de mejor calidad, obviamente, era para las personas que tenían más dinero. Finalmente, se envolvía toda la momia.

Entre las capas de lino se colocaban amuletos curativos o reparadores de las partes del cuerpo con malformaciones o lesionadas, también de dioses benefactores, para que ayudaran a la persona difunta en todo el proceso del Juicio de Osiris y la resurrección. Este proceso duraba quince días.
En el antiguo Egipto, las joyas más que un adorno para embellecerse, eran amuletos de protección, que tenían una determinada función. Había dioses y amuletos prácticamente para todo, tanto para los vivos, como para los muertos. También se ponían amuletos por debajo y por encima de la momia, o una malla de cuentas como referencia a Osiris.

Durante el periodo ptolemaico (la época de Cleopatra), a las momias se les añadía un cartonaje con el retrato de la persona, para que el Ka la pudiese reconocer y así renacer como hacía el dios Osiris.
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¿Qué son los cuatro vasos canopos?
Son los recipientes donde se guardan las vísceras del difunto momificadas, que se dejan junto al cuerpo.

Durante el Imperio Nuevo, las tapas de los cuatro vasos canopos, tienen las cabezas de los cuatro dioses e hijos del dios Horus: Amset, Hapi, Duamutef y Kebeshenuef.
Además han de estar orientados de manera correcta en los puntos cardinales para que el difunto reviviera en la otra vida.
Al Sur, debía estar la vasija con tapa del dios Amset, en forma de cabeza humana, guardián del hígado.
Al norte, debía estar la vasija del dios Hapy con la cabeza de un babuino, donde se depositaban los pulmones.
Al oeste, tenía que estar la vasija del dios Kebeshenuef, con cabeza de halcón, donde se depositaban los intestinos.
Al Este, se colocaba la vasija con tapa del dios Duamutef, con la forma de chacal, con el estómago del difunto.
Los cuatro vasos estaban protegidos por una de las diosas: Neftis, Isis, Selkis y Neit. En este caso, en la cajita de los vasos canopos expuesta en Museo de Arte Antiguo de Luxor, los guarda se ve a la poderosa diosa Neftis.
Finalizada la momificación, se celebraba el entierro
En la tumba de Ramose en el valle de los nobles, (👈 de la que te hablo en este artículo). En la visita se pueden ver los frescos del cortejo fúnebre del enterramiento de Ramose y su esposa, se les representa en su tumba o sarcófago, acompañados por sus familiares y amigos, y seguidos por plañideras profesionales que se echaban tierra a la cabeza como muestra de dolor.
La contratación de veintiuna plañideras era algo habitual en los entierros, para llorar con lágrimas negras, gritar y lamentarse. Hoy en día el Islam lo prohíbe, aunque ha logrado sobrevivir en algunos lugares remotos de Egipto.

En los frescos se ve a los sacerdotes de Amón rezando por el difunto. El sarcófago era llevado a hombros por los portadores junto con las ofrendas, mientras que los criados llevaban sus pertenencias y el ajuar funerario.
El cortejo funerario procesionaba hasta la tumba, donde se realizaban varios rituales entre ellos el de la apertura de la boca. Los familiares celebraban allí una última comida con el difunto, de cuerpo presente, antes de que se le enterrara.

Los rituales se realizaban para facilitar al difunto la transición con éxito a la otra vida, como por ejemplo el ritual de apertura de la boca, en el que a la momia se la tocaba con un instrumento particular en la boca, los ojos y los oídos, para devolverle los cinco sentidos al difunto. También se realizaban ofrendas.
Después del ritual de apertura de la boca, se dejaba descansar al difunto en su ataúd. En la última noche en la tierra, el difunto despertaba y realizaba el viaje hacia el Más Allá en una barca, como se muestra en la fotografía:

La última noche, bajo tierra y en su ataúd, la barca, tan presente en Abidos, llevaba al difunto al otro mundo, en busca de poder resurgir con una nueva conciencia, como el dios Osiris.
El viaje por el Inframundo, hacia el Campo de Juncos
En el viaje de la persona difunta, al igual que en los cuentos de hadas, debía superar una serie de peligrosas pruebas en su camino por el inframundo para poder enfrentarse al Juicio de Osiris, donde podría lograr la inmortalidad.
En las tumbas, se representa al difunto, quien suele estar acompañado de su esposa y de los dioses mortuorios protectores: Anubis, Neftis, Jepri, Thoth e Isis, como en la tumba de Inherkhau, del Valle de los Artesanos, 👈 al que dedico un articulo de mi visita.

La persona fallecida era presentada por Anubis ante el tribunal de cuarenta y dos dioses para enfrentarse al juicio de Osiris. Ante el tribunal, la persona difunta hacía una confesión negativa, en la que declaraba que no había matado a nadie, no había hecho daño a sus padres, ni había robado, entre otras faltas.
La diosa Maat se encargaba de pesar el corazón en una balanza, comparándolo con la pluma de la verdad para comprobar la bondad de la persona difunta, tal como se representa en el papiro de la fotografía.
Si el corazón pesaba más que la pluma de la verdad, Ammut, la devoradora de los muertos, se lo comía de un bocado. Pero si la balanza estaba equilibrada, el difunto era aceptado junto a Osiris para siempre. Esta creencia guarda cierto paralelismo con el cristianismo, al islamismo y al judaísmo.

Las tumbas de los faraones
En muchas de las tumbas de los faraones, las pinturas del techo y las paredes son una especie de guía o mapa del ‘Libro de la Salida al Día’, donde, al igual que un plano, se indican los pasos a seguir por el difunto en su viaje por el Más Allá.
Durante el viaje por el inframundo, era necesario conocer los nombres de los demonios para estabilizarlos y vencerlos. Las fórmulas mágicas, claves y nombres del ‘Libro de los Muertos’ (llamado «Libro de la Salida al Día» por los antiguos egipcios) se dejaban junto a la momia del difunto como un mapa, para que no se perdiera durante la noche.
Tras la larga noche, el difunto podía salir sorteando todos los peligros y salir victorioso con el primer rayo de sol.
Los textos funerarios en las tumbas estaban destinados a ayudar al difunto a iniciar el viaje y llegar a su destino, permitiéndole volver a la vida o resurgir en la eternidad, como lo hizo el dios Osiris. Esto recuerda mucho al juicio final en otras religiones.

Para los faraones, su tumba era el lugar donde estaban a salvo, un espacio donde podían renacer, luchar contra las fuerzas del mal, y unirse con el dios sol para siempre, en la lucha diaria por el inframundo durante la noche y logrando que amaneciera día tras día.
En el siglo III antes de nuestra era, los embalsamamientos disminuyeron. Tras la llegada del cristianismo, se rechazaron las prácticas antiguas del antiguo Egipto, incluida la momificación del cuerpo.
Durante la expansión del islam en el siglo VII, la momificación desapareció por completo, ya que la nueva fe exigía que el cuerpo fuera enterrado en un día.

A quienes me habéis acompañado, espero haberos hecho pasar un buen rato de lectura. También podéis apoyarme dejando un comentario o compartiendo este artículo en vuestras redes sociales. ¡Os deseo… felices viajes!
Notas viajeras
🧭 Te invito a que me acompañes en mi visita a la tumba de Ramose y su esposa Merit Ptah en el Valle de los Nobles leer mi guía.
🧭 Visite algunas de las tumbas en el Valle de los Reyes, en Lúxor y son impresionantes ¿Me acompañas y te lo cuento leer mi guía y también leer mi guía?
🧭 En la sección de ‘Mitología Egipcia’, en la que dedico algunos artículos, he intentado, de manera didáctica y divertida, reconocer a los principales dioses y la procesión en la avenida de las esfinges de la Bella Fiesta del Valle leer mi guía
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