La curtiduría de Marrakech
Tras cruzar la puerta de la curtiduría de Marrakech, el olor nos golpeó la cara y me pareció enana la ramita de menta por la que había pagado, tras ponérmela en la nariz, mejoró la situación…. Cuando cambiaba el viento, el olor era tan desagradable que me daban arcadas, y me aguanté por respeto a las personas que estaban trabajando allí.
