La Ciudadela de El Cairo y la Mezquita de Alabastro de Mohamed Alí
A mi llegada a El Cairo, hice una visita guiada de un día completo por la ciudad, y la he dividido en cuatro artículos.
En este primero te cuento mi recorrido por el Cairo islámico, donde visité la Ciudadela de Saladino con la Mezquita de Alabastro (de Mohamed Alí), desde cuyo mirador conseguí fotografiar las pirámides de Guiza.
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Tras salir de la Ciudadela, fui a visitar la Mezquita-Madraza del Sultán Hassan y la Mezquita de Al Refai, sobre ellas te hablo en un segundo artículo.

En el tercer artículo te narro mi visita por el Viejo Cairo: con la fortaleza romana, o Fuerte de Babilonia, del que aún se conserva una de las torres. En su día, aquí se encontraba el puerto del Nilo, antes de que el río cambiara su curso.
También recorrí el Cairo Copto, lugar sagrado tanto para musulmanes como para judíos y cristianos, con la famosa Iglesia Colgante y la sinagoga Ben Ezra.
Después en un cuarto artículo, continuó por el mítico Café de los Espejos, inmortalizado por el escritor egipcio y premio Nobel Naguib Mahfuz, quien se inspiró en él para su novela El callejón de los milagros.
Y, por último, paseé por el exótico bazar Khan El Khalili, con la popular tienda de Jordi… pero eso ya te lo contaré en los siguientes artículos.
Si quieres realizar la misma excursión que yo te dejo aquí el enlace👉 La Ciudadela de El Cairo, El Cairo Antiguo y Khan El Khalili

Datos prácticos
El horario de apertura de la Ciudadela de Saladino es de lunes a domingo.
En horario de verano, del 1 de junio al 30 de septiembre, abre de 8:00 a 18:00. En horario de invierno, del 1 de octubre al 31 de mayo, de 8:00 a 17:00.

Cómo ir a la Ciudadela de Saladino
La Ciudadela de Saladino está situada al norte de El Cairo, en la cima de la colina de Muqatam o Mokattam, sobre la avenida Salah Salem. Se puede llegar en transporte público con las líneas de autobús N.º 194, 609 y 174, aunque lo más práctico es utilizar Uber o taxi.
La Ciudadela tenía diez puertas de acceso, pero actualmente solo quedan tres, de las cuales dos se pueden recorrer a pie: una al norte y otra al sur.
La entrada tiene diferentes tarifas: los adultos extranjeros pagan precios mucho más altos que los árabes y los egipcios. También hay descuentos para niños menores de 13 años, y los estudiantes con carnet obtienen la entrada a mitad de precio.

A pesar de que la Ciudadela de Saladino es uno de los emblemas de El Cairo, no es uno de los lugares más visitados. La gran mayoría de quienes llegamos hasta aquí lo hacemos porque contamos con varios días de visita en la ciudad o para disfrutar de uno de sus sitios históricos.
Muy cerca se puede ver la Mezquita de Alabastro, o de Mohamed Ali, junto con otras mezquitas cercanas, como la mameluca Mezquita del Sultán Hasan, la Mezquita de Iban Kalaum, la Mezquita Al-Rifa’i, la Mezquita de Suleimán, la Mezquita Ibin Tulum o la Mezquita de Al-Azhar, por ejemplo. También se encuentra cerca la Ciudadela de los Muertos.
Mi visita guiada por El Cairo (1ª parte)

En menos de media hora llegamos al corazón de El Cairo islámico: La Ciudadela con la Mezquita de Mohamed Alí, la Mezquita madraza de Sultán Hassan y la Mezquita de Al Refai a El Cairo.
La Ciudadela de Saladino es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1979. Las panorámicas de la ciudad son excepcionales; de hecho, la fotografía que tomé con las pirámides de fondo la hice desde la Ciudadela, en concreto desde la terraza Cawhara, justo al lado de la Mezquita de Alabastro.
A mí me hacía mucha ilusión la visita, por ser uno de los lugares históricos de El Cairo, aunque puedo entender que, para quienes no son grandes amantes de la historia, desplazarse hasta aquí —ya que hay que ir expresamente y enfrentarse al caótico y denso tráfico cairota con sus frecuentes retenciones— no esté entre las prioridades por el tiempo que se emplea.
La Ciudadela de Saladino

La cantidad de autobuses aparcados fue el indicio de que ya habíamos llegado. Bajamos del auto y seguimos a la guía, que hablaba muy bien español. Caminamos por una de las puertas de la Ciudadela, subiendo por una cuesta que me hizo sudar. Existe la posibilidad de subir la cuesta en trenecitos eléctricos; supongo que habrá que pagar algún suplemento.
El conductor nos dejó en el Recinto Norte: la Puerta al-Qalla o Bab al-Qalla. Seguimos a la guía y subimos una cuesta. El sol a esa hora de la mañana ya era abrasador, haciendo resplandecer las cúpulas de la Mezquita de Alabastro; según nuestra guía, el tejado está recubierto de láminas de plomo y no de alabastro. Lo que sí es de alabastro es el interior de la mezquita y la parte inferior, que se ve claramente.
Tras pagar la entrada en la taquilla y escuchar una breve explicación histórica, seguimos a nuestra guía.

Situada en la puerta Bab El-Quarfa se encuentra la Mezquita de Sulayman Pasha. Fue construida en el año 1528, siendo una de las mezquitas más destacadas que se pueden visitar en la Ciudadela.
En la puerta Bab el-Azab se pueden visitar tres mezquitas destacadas. La primera es la Mezquita de Ahmed Katkhuda, o de al-‘Azab, construida en 1697. Cerca se encuentra la famosa Mezquita de Alabastro, ubicada en el Recinto Sur, y justo enfrente está la Mezquita del sultán Mohamed El-Nasir, construida en 1318, quinientos años antes que la de Alabastro.
La Mezquita del sultán Mohamed El-Nasir es el único edificio que queda de la época mameluca en la Ciudadela. Aunque su mármol interior fue saqueado, se reconoce fácilmente por sus elegantes minaretes recubiertos de azulejos vidriados. Frente a la mezquita, tras cruzar un pórtico, se llega a una terraza que ofrece vistas panorámicas de la ciudad.

Una vez arriba, caminamos un poco y luego pasamos frente al Museo Nacional del Ejército. El museo fue en su origen el Palacio Harem de Mohammed Ali. Se construyó en 1827 y hoy expone objetos militares, pinturas y maquetas que abarcan desde los tiempos faraónicos hasta conflictos bélicos recientes.
Cerca del museo hay una carretera que conduce a otros museos, como el Museo del Carruaje, donde se exhiben carrozas de caballos de Mohammed Ali y de otros gobernantes de Egipto.
En el Museo de la Policía Nacional se expone la historia de delincuentes célebres, como las dos hermanas de Alejandría: Reya y Sekina, quienes fueron algunas de las asesinas en serie más conocidas de Egipto en el siglo XX.

Continuamos caminando unos pasos más hasta llegar a una de las escaleras, muy desgastadas por el tiempo, por las que subimos. La gran mayoría de los escalones de mármol están torcidos, aunque la escalera, de dos tramos, se sube con relativa facilidad. Desde allí se puede disfrutar y fotografiar la mejor panorámica de la Mezquita de Alabastro; de hecho, es la fotografía de portada.
Paradójicamente, la Mezquita de Alabastro es uno de los edificios más recientes de la Ciudadela. De las construcciones de los anteriores mandatarios, lamentablemente ya no queda casi nada, a excepción de la mezquita-madraza del Sultán Hassan.
La Mezquita de Alabastro o de Mohamed Ali

La Mezquita de Alabastro, o de Mohamed Ali, fue construida en 1830 por el arquitecto griego Yusuf Bushnag, inspirándose en la iglesia-mezquita de Santa Sofía de Estambul, de estilo bizantino.
La mezquita cuenta con dos minaretes cilíndricos de 84 metros de altura. Tras hacernos la fotografía de recuerdo, continuamos la visita y nos dirigimos al interior.

Caminamos por un soportal que bordea gran parte de la Mezquita de Alabastro, con pequeñas cúpulas muy decoradas en su interior, apoyadas en columnas de alabastro y alumbradas por farolillos, hasta llegar a la entrada del Gran Patio de la mezquita.
En el centro del Gran Patio se encuentra el sabil, o fuente para abluciones, donde los fieles se lavan pies, manos y boca tres veces antes de las cinco oraciones diarias. Actualmente, para protegerla, los grifos de la fuente están deshabilitados y los fieles realizan sus abluciones fuera del patio.
Al igual que en el exterior, bordeando el perímetro del patio, también hay soportales con columnas de mármol y pequeñas cúpulas, alumbradas por farolillos que cuelgan de cadenas del techo. El Gran Patio mide 52 por 54 metros.

Mohamed Ali quería tener un gran reloj, y finalmente lo consiguió: en el soportal oeste del patio se encuentra la torre del reloj de cobre, regalo que le hizo en 1840 el rey de Francia, Luis Felipe I.
En agradecimiento por el reloj, Mohamed Ali donó los dos obeliscos de Ramsés II del Templo de Lúxor. Sin embargo, solo se llevó uno, que adorna la Plaza de la Concordia en París. Afortunadamente, el otro obelisco permanece en el Templo de Lúxor; yo lo había visto el día de antes en mi visita a la famosa ciudad de los faraones.
Paradojas del destino: el carísimo reloj nunca funcionó. La guía nos contó que recientemente lo habían reparado de nuevo, pero que solo funcionó unos pocos meses.

La mezquita tiene planta cuadrada, de 40 metros, con una gran cúpula central rodeada por cuatro semicúpulas y la media cúpula de la quibla (el muro orientado a La Meca). La enorme cúpula central mide 21 metros de diámetro y 52 metros de altura, apoyándose sobre cuatro pilares cuadrados.
Una vez dentro de la mezquita, levanté la cabeza para admirar las bonitas cúpulas…

Mi primera sensación fue la de estar en el interior de una catedral. Me recordaba a las grandes catedrales bizantinas que se encuentran esparcidas por todo el Mediterráneo. Si quitaba mentalmente las enormes lámparas, los farolillos y los carteles en árabe en los cuatro extremos… no es tan diferente de San Pedro, y se parece poco a la Mezquita Azul.
Tanto en el patio como en el interior de la mezquita, se puede entrar sin ningún problema; eso sí, descalzo o con unos cubre zapatos de plástico que venden en la entrada. Leí antes de ir que debía cubrirme la cabeza, pero no lo hice y no me dijeron nada. Los zapatos se pueden dejar a un señor que hay en la entrada. Y a la salida, obviamente, hay que darle una propina.

Dentro de la mezquita se encuentra el mausoleo de Mohamed Ali Pasha, donde fue enterrado en una tumba de mármol. Esto era muy habitual entre muchos de los mandatarios: mandaban construir una mezquita para que su mausoleo quedara dentro. Por eso hay tantas mezquitas en El Cairo, aunque pocas son tan impresionantes como la del otomano Mohamed Ali Pasha, considerado el padre del Egipto moderno.
Después de ver el exterior del mausoleo, nos dirigimos hacia la cúpula de la quibla. Hay dos púlpitos en la mezquita donde el imán da su discurso. El que se ve detrás de mi en la fotografía de abajo, pintado de verde y dorado, es el más antiguo; el otro que se puede ver detrás de la guía, está construido en mármol y se levantó mucho tiempo después.

Tras la visita, seguí a la guía y nos dirigimos a nuestra siguiente parada: la terraza Gawhara, para disfrutar de una de las panorámicas desde la Ciudadela. Ubicada detrás de la Mezquita de Alabastro, la vista es impresionante; en los días claros, cuando no hay mucha contaminación, se pueden ver incluso las pirámides.
El Palacio de Al-Gawhara (o Gawhara), construido en 1814 en el sureste de la Ciudadela y de estilo otomano, es conocido por ser el lugar donde se cometieron los asesinatos de los mamelucos por orden de Mohamed Ali, para consolidar su poder y gobernar Egipto. Hoy, solo algunas partes del palacio funcionan como museo, donde se exhiben objetos personales de Mohamed Ali Pasha y de su familia.
Afortunadamente para mí, el día era relativamente claro, y pude fotografiar las vistas pese a la enorme nube de polución de El Cairo. Obviamente, existen miradores modernos más altos, como la Torre de El Cairo, pero ninguno con los siglos de historia de la Ciudadela.

Frente a la Plaza de la Ciudadela de Saladino, se encuentran la Mezquita-Madraza del Sultán Hasan, y, frente a ella, la Mezquita Al-Rifa’i. Nos subimos en el automóvil para visitarlas, pero eso ya te lo cuento en el siguiente artículo.
Pinceladas históricas de La Ciudadela de Saladino y El Cairo
La Ciudadela fue la sede del gobierno egipcio hasta el siglo XIX y la residencia de sus soberanos durante más de 700 años. Hoy en día, sin embargo, es más bien una atracción turística, con entrada de pago. Eso sí, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y cuenta con tres mezquitas muy diferentes, palacios reconvertidos en museos y varios miradores.

Saladino, o Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, fue el primer sultán de Egipto y Siria. Ante la amenaza de que los cruzados invadieran El Cairo en el siglo XII, Saladino decidió fortificar la ciudad en 1176, construyendo en la cima de la colina de Mokattam una Ciudadela para proteger las ciudades ya existentes de El Fustat y Al-Qahira. Aunque ambas ciudades tenían murallas y estaban comunicadas entre sí, posteriormente se unieron para formar la ciudad de El Cairo.
Para la construcción de la Ciudadela se derruyeron mezquitas y tumbas fatimíes; obviamente, Saladino era suní y no le importó destruir las construcciones fatimíes. En la Ciudadela quiso establecer su residencia, así como la sede política y militar. Para levantar las murallas, no dudó en utilizar como cantera las piedras de Guiza y Menfis; las inscripciones en algunas de ellas lo demuestran.

Tras la caída de la dinastía ayubí en 1250, el dominio mameluco se dividió en dos períodos: del 1250 al 1382 y del 1382 al 1517 con El Cairo como capital. Los mamelucos ampliaron las murallas de la Ciudadela y construyeron palacios con sus harenes, tanto dentro como fuera de la Ciudadela. Tras expulsar a los cruzados de Tierra Santa, forjaron un imperio que llegó hasta la actual Turquía, enriqueciendo sus arcas gracias a los impuestos del comercio entre Oriente y Occidente.
Los otomanos fueron los siguientes en gobernar Egipto, desde 1517 hasta 1798, período durante el cual El Cairo funcionó como una capital más del imperio otomano. Hubo etapas en que los mamelucos retomaron el poder, y la Ciudadela continuó ampliándose.

En 1798, el ejército de Napoleón venció a los mamelucos. Napoleón gobernó ese mismo año durante un breve periodo, durante el cual los eruditos que viajaban con su ejército intentaron restaurar los palacios mamelucos por su belleza, grandiosidad y por considerarlos los mejores de El Cairo, aunque se encontraban en muy mal estado.
En 1801, se unieron los ejércitos otomanos, británicos y un contingente de mercenarios albaneses, encabezados por el coronel Mohamed Ali, para derrotar al ejército francés y recuperar El Cairo, poniendo fin a la ocupación francesa. Los mamelucos lograron nuevamente gobernar en la ciudad.
Mohamed Ali inicialmente fue gobernador de Egipto bajo el Imperio Otomano, y aprovechó las disputas y el vacío de poder para consolidar su posición. En 1830, invitó a un banquete a los emires mamelucos que aún gobernaban en Egipto y, tras el banquete, los masacró a todos.

Tras maniobras políticas, se convirtió en el gobernante de El Cairo y modernizó el país, ejerciendo control estatal sobre la agricultura y la industria, e instaurando astilleros para modernizar el ejército egipcio.
Se construyó la mezquita que lleva su nombre, conocida también como la Mezquita de Alabastro, entre 1830 y 1848, inspirada en la Mezquita Azul y en Santa Sofía de Estambul. Lamentablemente, Mohamed Ali demolió casi todos los edificios mamelucos recién restaurados por los franceses, a excepción de una pequeña mezquita que utilizaba como establo. De las antiguas construcciones mamelucas, solo queda la Mezquita-Madrasa del Sultán Hasan.
En 1882, la Ciudadela fue centro del ejército británico durante la invasión británica. Su importancia militar se mantuvo hasta la década de 1970. Desde 1983, su gestión depende del Ministerio de Turismo y Antigüedades Egipcias.

A l@s que me habéis acompañado en esta primera parte de mi visita a El Cairo, gracias y os invito a que continuéis leyendo la segunda parte de mi visita.
Y a las personas que solo me habéis acompañado en este artículo, os invito a viajar conmigo desde el inicio de mi gran aventura en Egipto. A l@s que viajáis conmigo desde la más faraónica de mi viaje ¡Mil gracias! Espero haberte hecho pasar un buen rato y desearos…
¡Felices viajes, físicos o virtuales!
Notas viajeras
La Ciudadela está relativamente cerca de la Ciudad de los Muertos. Yo no fui, pero si tú tienes tiempo y te apetece visitarla, puedes aprovechar que estás en esa parte de la ciudad al organizar tu recorrido por El Cairo. En la Ciudad de los Muertos viven aproximadamente un millón y medio de personas. Muchas de ellas, en la década de 1950, se vieron obligadas a asentarse allí tras ser desplazadas de sus hogares debido a las demoliciones en el centro de la ciudad.
Te dejo un enlace a las líneas de metro (aquí).
En todas las visitas guiadas, me confirmaron la hora y el nombre de la guía un día antes por WhatsApp, tal como me hicieron en todas las excursiones que contraté en Egipto.
