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Pueblo cerca de Santa Elena

El viaje fue relativamente cómodo hasta la frontera nicaragüense, y una vez allí, estaban las mismas caras de unos días antes: los cambiadores de dinero revoloteando alrededor de los transeúntes que íbamos o veníamos, la señora que ponía cremita ofreciendo su servicio a grito pelao, los vendedores de refrescos en bolsas de plástico con pajita cómodamente sentados enfrente de su parada, el de los bolis feos, el que vendía cinturones, las señoras que vendían tortitas, papas, dulces y demás…

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