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África, Experiencias, Marruecos

Visitamos una familia de nómadas

Nuestro acompañante Rachid, nos propuso hacer algo diferente, el conductor sabía donde estaba viviendo una familia de nómadas y nos hizo saber que podíamos hacerles una visita y tomar un te, y darles una ayuda a la familia. Nos dijo que como para esa misma tarde teníamos el mismo programa que para la tarde siguiente, Ibrahim el conductor, había pensado que a lo mejor nos hacía ilusión ver como vivían los nómadas. Eso si, como no había carretera para ir a visitarlos, teníamos que estar dispuestos a dar mil y un botes y darse más de un coscorrón con el techo del coche por culpa de los baches… ¡Y vaya si dimos botes en el asiento! Pero valió la pena.

De camino a la casa tuareg era insistente, como se puede ver.

El camino a la casa tuareg era casi inexistente, como se puede ver.

Los nómadas no suelen vivir mucho tiempo en el mismo sitio, por eso son nómadas. La noche anterior en la tertulia de después de cenar, el dueño del Riad Ouarzazate y su primo el dueño de la agencia de viajes (los dos tuaregs), nos estuvieron explicando cómo era el “teléfono del desierto” que usan los nómadas tuareg…

La comunicación entre los nómadas es de boca en boca, hasta que llegaba el mensaje al interesado; al vivir en el desierto no hay cobertura de teléfono móvil. Poder comunicarse se complica un poco… los mensajes se pasan de unos a otros hacia la dirección en la que se cree que puede estar la familia, y el mensaje puede tardar semanas en llegar.

Nos contaron que habían casas repartidas por el desierto (como refugios), si una familia decide irse a otra parte donde haya más pasto y cuando llega a una está ocupada, ha de continuar hasta que encuentre otra vacía ¡Así es la vida de los nómadas!

Preguntamos si viajaban en grupos y la contestación fue que no, sólo van el matrimonio y los hijos, y cuando ellas se quedaban embarazadas alguna mujer familiar de ella la asistía en el parto y así había sido siempre.

En el desierto, ya cerca de la familia nómada que íbamos a visitar.

En el desierto, ya cerca de la familia nómada que íbamos a visitar.

Tal y como nos dijo el conductor, y a pesar de que iba con cuidado, en más de una ocasión dimos un montón de votes en el asiento, la verdad es que se nos hizo muy largo el camino.

Cuando nuestro conductor dijo que ya habíamos llegado, de cierta manera me decepcionó un poco por que tenía en la mente la típica imagen de las películas de aventuras de nómadas en el desierto… con rojiza arena saharaui en mitad de la nada, con su carpa con un montón de alfombras y un montón de animales con dromedarios….. ¡Nada más lejos de la realidad!

Y llegamos donde estaba la familia nonada.

Y llegamos donde estaba la familia nonada. El corral.

Donde fuimos, más bien parecía un pedregal de tierra rojiza rodeada de montañas de piedra caliza y no el idílico desierto de fina arena idealizado en un montón de películas.

¡No había ni fina arena, ni dromedarios, sino cabritas, gallinas, la mujer nómada y sus tres hijos!

Al poco de bajar del coche comprendí que eramos unos privilegiados, que no era una atracción para los turistas, aquella familia realmente vivía así… ¡Eran nómadas!

La casa nómada.

La casa nómada.

La cocina.

La cocina.

Tenían cinco habitaciones, por llamarlas de alguna manera, dos parecían los establos donde se refugiaba el ganado y estaban más separadas de las otras, una claramente era la cocina dónde había un horno rudimentario, otra parecía una alacena donde guardaban las cosas, y en la estábamos que parecía la habitación de estar y dormitorio, por la cantidad de alfombras que estaban extendidas en el suelo.

La cueva establo.

La cueva-establo.

Una de las habitaciones

Una de las habitaciones

Al poco de llegar, la mujer se asomó y al ver que habían hombres se cubrió la cara y sólo se le veían los ojos maquillados.

Ibrahim el conductor, saludó a la señora y ella poco después se puso a hacer el te. Como Ibrahim no hablaba español y nuestro guía acompañante Rachid sí, la comunicación era algo parecida al teléfono averiado… porque el dominio del español de Rachid no era entonces muy bueno; pero desde luego mejor que mi árabe (no tengo ni idea), eso sí, divertido fue un buen rato.

En el hogar de los nómadas.

En el hogar de los nómadas.

Ibrahim le dijo a Rachid, y él a nosotros, que el marido estaba lejos con el ganado y que la señora nos iba hacer un te.

Me sorprendió que lo hiciera en un hornillo, algunas comodidades del mundo moderno ya tenía la familia…

Niñita nómada.

Niñita nómada.

Y como es de esperar en estas situaciones tuve sentimientos encontrados, por una parte se les veía bien siendo libres como el viento, y por otra parte era evidente la dureza de su modo de vida, sobre todo porque a ella se le intuía que estaba muy envejecida.

La niña en cuando me vió se pegó a mi y empezó a juguetear con mi llavero de osito, que llevaba enganchado en mi bolso. Le llamaba bebé y me sonreía, como soy muy facilona… me faltó el aire para regalárselo, y otro llavero para el otro hermano más pequeño.

No hice muchas fotos, porque ante la duda de que le pudiese molestar u ofender, preferí no hacerlas, además esa experiencia me iba acompañaría el resto de mi vida. ¡Que más podía pedir!

Después entramos dentro de la cueva y la señora nos ofreció un vasito de te a cada uno, por las arrugas de sus ojos se intuía que con una amable sonrisa.

Los niños se quedaron fuera y no entraron. Tampoco hablamos con la mujer, lo cierto es que la situación fue algo extraña, en la que se cruzaban miradas con sonrisas, en la que no sabía muy bien cual era la etiqueta… ¿Cómo me tenía que comportar? Optó por lo fácil… hacer lo que vi hacer a Ibrahim y a Rachid. Como ellos se tomaron el té más bien en silencio, nosotros hicimos lo mismo.

La señora nómada preparando el te.

La señora nómada preparando el te.

Terminado nuestro vaso de te, ninguno repetimos y poco después nos despedimos y nos fuimos de nuevo al bonito Valle de las Rosas para pasar la noche en kasbah Dar Diafa Tourbiste en Kalaat M’Gouna.

Mi reflexión después de la visita

Hoy sabiendo lo que sé hubiese hablado con Rachid para comprar y  llevarles algunos dulces o algunas cositas para comer.

Después de la visita me di cuenta de que los idílicos desiertos de arena, son una excepción, hay muy pocos en el mundo.

Deseo haberte divertido y haberte hecho pasar un ratito agradable de lectura. Si quieres hacer algún comentario o aportación, será bienvenido.

¡Gracias y felices viajes

 

NOTAS VIAJERAS

  • Me llamó la atención con la dignidad con la que se habla de dar ayudas y no limosna, ya que en el fondo una limosna es una palabra peyorativa. Todos necesitamos ayuda en más de un momento de la vida, y si me apuras, del día.
  • La noche la pasamos en Kasbah Dar Diafa Tourbiste Dirección: Zet Aguerd, Kalaat M’Gouna, Marruecos Teléfono: +212 661-448750.

 

MAPA INTERACTIVO

Evidentemente no hay mapa que valga…

 

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