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África, Marruecos

El Valle del Draa

El Valle del Draa tiene 200 km de longitud entre las poblaciones de Agdz y Zagora, y al igual que el Valle de Dadés es el nombre del propio río quien también da nombre al valle, valga la redundancia, a este verde y hermoso valle de miles de palmeras datileras salpicado de kasbahs.

El río Draa es el más largo de Marruecos y a su paso riega los campos de cereales, verduras, henna, arboles frutales, las más de las 16 variedades de palmeras datileras, etc. En el Valle del Draa hay 1,5 millones de palmeras, ¡Ahí no es nada! Es el segundo palmeral de África, el mayor es el del Nilo. Prácticamente toda la provincia de Zagora vive de manera directa o indirecta de la producción de henna y de los dátiles, en menor medida de otros frutales y poco del turismo. ¡Una palmera datilera hembra produce 80 kg de dátiles!

Para muchas personas el Valle del Draa, en el que también hay muchas kasbahs, es el más bonito y menos turístico del sur de Marruecos.

Un poco de perspectiva histórica

Se cree que esta zona siempre ha estado habitada, de hecho en Tinzouline se han encontrado pinturas rupestres.

Tradicionalmente han habido kasbahs y ksars (ciudadelas). Las ciudades son relativamente nuevas porque, quienes tradicionalmente han habitado estas tierras, han sido nómadas, mayoritariamente tribus bereberes. Hoy en día muchas de estas tribus siguen siendo nómadas o seminómadas. Durante el protectorado, ante la necesidad para poder gobernar, los franceses crearon muchos pueblos o ciudades administrativas funcionales.

Jebel Saghro, palmeras datileras y el río Draa

Al fondo la cordillera del Jebel Saghro, palmeras datileras y el río Draa

Tras recorrer la cordillera del Jebel Saghro, llegamos al pueblo de Nkob, donde paramos a comer en el restaurante Ennakhile. Es una antigua kasbah convertida en en hotel y también restaurante. Cuando entramos al local a almorzar, me sorprendió lo grande que era y no me gustó demasiado que hubieran tantos turistas, pero también es verdad que no hay muchos locales en la zona para comer.

La comida estaba buenísima y el camarero un guasón que nos estuvo tomando el pelo todo el tiempo. Bromeó en diferentes idiomas con nosotros y con los demás turistas. Lo mejor del restaurante Ennakhile es la terraza con la fabulosa vista al pueblo.

Restaurante Ennakhile en Nkob

El restaurante Ennakhile en Nkob

Nkob pertenece al Valle del Draa, está a 100 km al norte de Zagora y a 334 km de Marrakech desde la carretera N-9. No suele ir tanto el turismo de masas como a su vecino Valle de Dadés, y se nota, es más autentico y tranquilo.

El pueblo de Nkob se está haciendo cada vez más popular, ya que muchas agencias de aventura locales y extranjeras ofrecen recorrer a pie el Jebel Saghro durante varios días y Nkob suele ser el inicio o final de las etapas de las caminatas (trekking).

Panorámica de Nkob desde Ennakhile

La panorámica desde el restaurante Ennakhile en Nkob

Desde el mirador del restaurante Ennakhile se puede ver el oasis de Nkob. Allí tuve ante mi por primera vez un gran oasis y su palmeral. ¡Miles de palmeras que parecen llegar hasta el infinito! Por muchas fotografías o documentales que se vean, o por mucho que te digan…. impresiona la visión de miles de palmeras. En esos momentos me acordé mi padre, que siempre me dijo que las palmeras son uno de los arboles más elegantes y bonitos.

Mi padre fue labrador de profesión y también lo contrataban para la poda con hacha de palmeras (no con serrucho). El oficio se lo enseñó mi abuelo, su suegro. A mi padre le hubiera hecho feliz ver aquel hermoso paisaje. ¡Fue tal la avalancha de sentimientos que sentí a la vez cuando vi el oasis, que me emocioné! ¡Allí donde estuviese mi padre estaría disfrutando conmigo seguro!

Palmeras y henna

Palmeras datileras y plantitas de henna.

Conclusiones después de la visita

El Valle del Draa de momento no está muy explotado turísticamente hablando, pero imagino que es cuestión de tiempo, porque Marruecos es uno de los destinos que se está poniendo de moda. El Valle del Draa fue uno de los que más me gustó con diferencia, por sus paisajes y sus fuertes contrastes de montañas negras, desiertos negros y de arena, con un oasis de miles de palmeras que tanto me impresionó.

Se ha de tener en cuenta que muchos de los pueblos o aldeas son muy rurales y los servicios turísticos son mínimos. Aparte de pasear por la zona y ser la atracción local (todo el mundo te mira), con un poco de suerte si tiene bar, a media tarde, se puede tomar un te junto con habitantes del pueblo, eso sí solo con hombres.

También se puede visitar el mercado (que sólo se celebra algunos días, dependiendo de la localidad), el edificio más interesante suele ser la mezquita y está prohibida para los no musulmanes; realmente hay pocos edificios que nos pueden interesar y podamos visitar.

Oasis de Nkob

El oasis de Nkob

En el Valle del Draa hay más de un centenar de Ksur (Ciudadelas) en todos los estados posibles, tanto habitados, como en ruinas. Si tuviese que volver a Marruecos y tuviese que elegir una zona para pasar de nuevo unos días, sin duda elegiría los valles del Draa junto con los de Dadés y Todra.

 

Espero haberte hecho pasar un ratito agradable de lectura. Si quieres hacer algún comentario o aportación, será bienvenido.

¡Gracias y felices viajes!

 

NOTAS VIAJERAS

  • En Marruecos, a excepción de Marrakech, me abstuve de llevar camisetas escotadas o pantalones muy cortos, fui muy respetuosa con su cultura.
  • Entre Marrakech y Zagora hay 356 km por la carretera N-9, unas 6 horas de viaje.
  • Almorzamos en Nkob en el restaurante Ennakhile (enlace aquí)

 

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