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Europa, Italia

Un grato recuerdo de Nápoles (17 días en Italia 7)

En Nápoles se nos terminó el efectivo y tuvimos que pasar por el cajero automático. Ya llevábamos dos noches, tiempo suficiente para poner algo en duda las buenas intenciones de amigos y conocidos que nos advirtieron con tanta insistencia de la peligrosidad de la ciudad ¡Consiguieron ponernos el miedo en el cuerpo!

Por parte de un conocido que estuvo unos años trabajando como camionero internacional, al enterarse que íbamos a Nápoles, nos advirtió. Nos comento que él y sus compañeros camioneros tenían órdenes de informar periódicamente en cuanto estaban en las proximidades de Nápoles, para hacer una rápida descarga y sin poder abandonar el camión ni un momento, debido a los ladrones de tráilers que los hacían desaparecer en menos de una hora…

Le escuchamos con incredulidad, poco después… ¡Un nuevo aviso! Esta vez de parte un amigo viajado: Sobre las bandas de los ladrones de maletas de los turistas, que te observaban y quitaban la maleta al menor descuido, en el mismo momento que la dejabas en el suelo… Y de nuevo otro aviso… el de una pareja de italianos del norte que conocí en un autobús. Insistieron que me dejara hasta el anillo de casada en casa… ¡Porque me lo robarían! Paradójicamente donde me timaron fue en el norte, en Milán (en la estación de tren en vez de la cena me pusieron bolas de papel de servilleta).

Y con ese montón de advertencias que llevábamos de casa, nos dispusimos a sacar dinero. Jose tenía su espalda completamente pegada a la mía con mirada de matón o guardia personal. Ahora me da risa por el ridículo tan espantoso que posiblemente hicimos cuando sacamos dinero de un cajero automático.

¡Cada vez que me acuerdo de toda las advertencias me entra la risa! Como decía un buen amigo: La ignorancia es muy atrevida.

 Contra todo pronóstico prácticamente todos los napolitanos con que nos cruzamos nos trataron muy bien, y en ningún momento pasé miedo, exceptuando el recelo en el cajero, por las insistentes advertencias que llevábamos desde casa.

La película “Bienvenidos al Sur”  habla de estos perjuicios en clave de humor. Es una adaptación de la francesa Bienvenidos al Norte e igual de buena o más que la francesa, sobre los perjuicios absurdos de los italianos del norte tienen sobre el sur de Italia.

Lo que más me impactó de los napolitanos es lo serviciales que son, y que suelen mirar a los ojos sin reservas, a veces de manera muy descarada o curiosa, pero nunca me sentí ofendida o intimidada. Para muestra un botón

En el autobús de regreso al hotel nos encontramos con un grupo de bilbaínos (españoles), con los cuales estuvimos conversando.  Un pasajero napolitano nos miraba fijamente como queriendo descifrar qué decíamos o cuando hablaba el grupo de jubilados bilbaínos, si hablábamos nosotros lo mismo; Parecía que estuviese viendo un partido de tenis, hasta que se metió en la conversación y nos dijo que la siguiente parada era de la que estábamos hablando. Sorprendidos gratamente todos le dimos las gracias y le dijimos que a nosotros aun nos faltaban dos paradas y al grupo unas cuantas paradas más. ¡Lo que en un principio parecía una intromisión fue un acto de generosidad de aquel señor! Tenemos más de una anécdota del buen trato que nos dieron los napolitanos durante nuestra estancia. 

La última noche en Nápoles, aunque íbamos algo justos de tiempo, Jose quería comer una pizza en Trianon, una de las pizzerías más famosas de Nápoles. Junto a la entrada había una escalera muy empinada y un horno a la izquierda, y a la derecha un comedor muy pequeño. El camarero nos indicó que subiéramos. Arriba había un local con largas mesas comunitarias, nada de mesitas.¡Allí tondos juntitos!

El camarero parecía que dirigía el tráfico indicando el sitio en el que te había tocado sentarte. Nos sentamos al lado de una pareja joven. Con expectación le obedecimos y nos sentamos frente a frente. Cinco minutos después se presentó un camarero con la carta al que le pedimos un par de pizzas. La pareja joven fue muy amable nos al comentarle que en hora y media salía nuestro tren, a lo que rápidamente se lo comunicó al camarero, y en un cuarto de hora teníamos las pizzas en la mesa, antes que ellos. Otra muestra de la amabilidad de los napolitanos.

¡Era alucinante ver como los napolitanos se comían la pizza en un periquete con cubiertos! La cortaban en pedazos grandes y la iban doblando con la ayuda del cubierto, hasta reducirla a un pedacito  muy pequeño ¡Lo intenté, una y otra vez, pero no lo conseguí!

Yo no tuve tanto éxito, en ningún momento logré plegarla, ni tan siquiera un poquito ¡La mitad de las aceitunas salieron volando… Jose pasó una vergüenza tremenda por mi culpa. La pareja que estaba a nuestro lado se moría de risa y Jose, con lo vergonzoso que es, por sus resoplidos constantes, imagino que en ese momento deseaba que la tierra se lo tragase, y la tierra no se lo tragó, siguió allí. Ja, ja.

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Después de la sabrosas pizzas, pasamos por el Hotel Ideal, recogimos el equipaje y nos fuimos a la Estación Napoli Centrale. El Espresso Gattopardo de 22:16 a 08:10 (10 h.) en dirección a Palermo. Llegó, por supuesto, con un retardo de más de una hora; poco después nos acomodamos y al poco nos dormimos.

Finalmente de la ciudad de Nápoles no vistamos casi nada ¡Nos faltaron por lo menos dos días! Nos fuimos con un grato recuerdo y con el firme propósito de volver a esta ciudad caótica, bulliciosa y amable ¡Y volvimos! La visitamos de nuevo Nápoles y un poco de la costa Malfitana, pero eso es una historia de otro viaje…

El Hotel Ideal: Esta muy cerca de la Estación Central. Nos gusto el hotel, estaba muy bien comunicado y bien insonorizado. Nuestra habitación estaba bien, y el desayuno correcto. La atención fue muy buena. Cuando lo visitamos no tenia ascensor, la escalera estrecha y muy empinada.

 

2 comentarios

  1. Elvira

    Leer el relato de tu viaje y ver las imágenes de esta sabrosa pizza a estas horas de la tarde, me ha hecho entrar unas ganas locas de adjudicarme una así de sabrosa. ¡Tendré que viajar a Nápoli!
    Esos prejuicios que hay sobre algunos lugares no son adecuados, hay que comprobar las cosas por ti misma.Un abrazo, mochilera.

  2. labitacora

    ¡Gracias por tu comentario!
    Me alegra que te gustara mi relato
    Un fuerte brazo Jubileta inqueta

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