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Europa, Italia

Sicilia: Monreale, Segesta y Erice (17 días en Italia 9)

Nos levantamos temprano para ir a recoger el coche de alquiler, nos costó mucho llegar porque no había forma de que nos vendieran el billete del bus. Nos decían que no les quedaban, lo cierto es que sí que tenían y no nos los querían vender.

Tampoco nos lo quiso vender el conductor del autobús, también los pueden vender y otro conductor ni tan siquiera nos abrió la puerta. Decidimos hacer el camino a pie e ir probando suerte en los quioscos de camino a la agencia, los conseguimos comprar casi a mitad camino.

 Habíamos leído sobre el trato al turista que mientras que algunas personas los trataban con muy malas formas, en cambio otras personas. eran muy amables. Así nos sucedió ¡Sin termino medio! Sentimos muchísima impotencia con el trato que nos dieron algunos individuos de desprecio absoluto. Llegamos más tarde de lo previsto y para colmo tuvimos que esperar una hora y media. Nos tocó practicar la paciencia, a pesar de haber más personal, era el mismo el que hacía las gestiones y sacaba el coche; el resto de personas (tres más) no salían del fondo de la oficina.

Finalmente nos pusimos rumbo a la Catedral de Monreale y el Monasterio Benedictino, una de las maravillas de la Edad Media que está a 8 Km de Palermo.

El interior de la catedral de  Monreale es espectacular y sorprendente, nos dejó con la boca abierta. Las paredes están decoradas con los 6500 metros cuadrados de mosaicos del siglo XII y XIII por un grupo de artistas procedentes de Constantinopla (Turquía), son los más importantes de su clase. Las columnas de granito tienen capiteles romanos corintios. El techo del coro muestra influencias árabes.04_Carmen_2G1 741

Nuestra llegada fue de lo más oportuna, ya que estaban haciendo la misa del domingo: un lleno absoluto, con música del órgano y los cantos de las voces angelicales del numeroso coro; fue una gran suerte el poder presenciar la misa.

Con sigilo y sin hacer demasiado ruido nos dirigimos al Claustro, que es otra maravilla de la Edad Media que combina arcos de estilo árabe, capiteles esculpidos historiados, columnas geminadas que en ningún momento se repiten y una hermosa fuente del siglo XII. (Foto de portada) Estuvimos más de una hora disfrutando de las columnas del claustro y del recinto en sí. Fue una gran suerte que diluviara y poder admirar el extraordinario patio casi en solitario.

Abandonamos Monreale y nos dirigimos con mucha excitación hacia Calatafimi y el templo griego mejor conservado: Segesta.
Entre nubes y claros, con ráfagas fuertes de lluvia y viento llegamos a Segesta. Nos llamó la tención la gran cantidad de viaductos kilométricos que cruzamos, y cómo no, la forma tan particular que tienen de señalizar los baches. Unos cuantos metros antes te los indican, y cuando llegas a la altura del bache una señal de dirección obligatoria apuntando al agujero en cuestión.

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Aunque lo más divertido es la conducción, que parece caótica pero no lo es, si uno tiene prisa en Sicilia puede llegar a los sitios sin problemas, no como en otros lugares que el de delante te marca la velocidad, o la prisa, según se mire. En Sicilia se pone el intermitente y facilitan el adelantamiento y cada uno a su marcha, a su velocidad, sin tensiones, pitidos ni descalificaciones….

 

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La llegada al Parque Arqueológico es muy fácil y sencilla. Dispone de un restaurante, donde comimos, y una tienda de souvenirs.

El Teatro es de origen griego, pero reformado por los romanos; con una parte del graderío tallado en la roca. El teatro todavía se utiliza para representaciones, ofrece vistas de Trapani y del mar. Un poco mas apartado del teatro se encuentra el Santuario que se supone que debía albergar otros edificios sagrados y que estaba protegido por una solida muralla de piedra tallada.

Se llega en autobús con billete de ida y vuelta, o a pie, ya que no permiten subir con el coche. No pudimos ni hacer una solo foto: al poco de llegar empezó a llover muy fuerte.

Entre verdes colinas y escarpadas montañas se encuentran las ruinas de una de las ciudades más importantes de los elimios. Es uno de los más perfectos templos dóricos del siglo V a C. que jamás se han construido. Peristilo con 36 columnas lisas y altar al aire libre. Las columnas sin surcos, la ausencia de cella (santuario) hace pensar que el origen, a pesar de la pureza de su estilo dórico griego, sea púnico. Los clavos adheridos al estilóbato sugieren que no se acabó de construir. Ubicado en el monte Bárbaro. La palabra para definir el templo es: impresionante, fue a lo único a lo que pudimos hacerle fotos, hicimos unas pocas y de nuevo empezó a diluviar. Como no tenía pinta de parar, nos fuimos en dirección a Erice.

Erice se encuentra en la cumbre de un acantilado sobre Trapani se hallaba Eryx, enclave conocido por su templo de Venus Ercinia, que servía de faro a los navegantes. El templo fue sustituido por un castillo en la edad media. Es un pueblo con ambiente medieval con empedradas calles protegidas por murallas.

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Para ir a Erice se hace por una carretera estrecha con vistas espectaculares, llena de curvas y acantilados que quitan el hipo. La vista es espectacular, llegamos al atardecer, casi oscureciendo, pero llegamos a divisar las magnificas vistas entre algunos claros. Ta sólo por las vistas mereció la pena subir. Recuerdo el fuerte aire glacial que nos hacía moquear todo el tiempo, la visita fue breve pero muy intensa. Es aconsejable llevar abrigo.

El turístico pueblo de Erice conserva un aspecto medieval que le da mucho encanto, te transporta a la edad media al pasear por sus calles. La calle principal está llena de tiendas de souvenirs y de comercios de artesanos de alfombras, cerámica, etc. Jose se compro un colgante de plata de una Trinacria (símbolo antiguo siciliano) y yo un pin para la mochila.

En la famosa Pasticceria Artigianale Grammatico María entramos en calor y merendamos unos deliciosos pasteles merecedores de su fama. María Grammatico pasó muchos años en el orfanato del monasterio de San Carlos de Erice, aprendiendo las recetas centenarias de sus dolci, cuya venta garantiza las supervivencia del monasterio.

Ya de noche y con mucho cansancio nos dispusimos a pasar la última noche en Palermo, en esta ocasión la conducción la realizo Jose, se había dejado el carnet de conducir y hasta ahora había tenido que estar conduciendo yo, pues si ocurría algo el seguro no se hacía cargo; encima hacía comentarios de qué bonito es esto o aquello, cosas que yo no podía ver por estar conduciendo.

Después de la cena, nos fuimos pronto a dormir al hotel y día siguiente, nos esperaba Agrigento, Piazza Amerina y Catania.

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