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Europa, Turquía

Estambul: capital imperial otomana (Turquía fascinante 2)

En el bufet del hotel había prácticamente de todo: un sin fín de aceitunas, mantequilla, ensaladas, pasteles, yogures turcos, etc. En el desayuno al oír hablar español a dos chicas, nos acercamos y coincidió que ellas también habían contratado excursiones con la agencia turca y que las dos amigas, el día anterior realizaron la excursión que nosotros íbamos a realizar durante el dia.

Nos contaron que se despistaron casi al final de la excursión, en el Bazar egipcio, llegando unos minutos más tarde al punto acordado y se encontraron con la sorpresa de que el guía se las había dejado. ¡Se fue si ellas! Menos mal que tuvieron la gran suerte de que al rato (más de una hora) de estar esperando que las fueran a recoger, coincidieron con otro grupo español, que afortunadamente, su guía trabajaba para la misma agencia, pudiendo terminar la excursión con él… Según nos dijeron les encantó el segundo guía por su profesionalidad y las explicaciones que nada tenían que ver con el otro guía imprestable… el segundo guía llamo por teléfono al primero y por el tono de la conversación era evidente de que discutieron…

Con algo de inquietud, a la hora acordada bajamos al recibidor esperando que no nos tocara en suerte el guía impresentable…

Estábamos algo nerviosos, en parte por el retraso y por las maneras en que nos presionaron a todos con las excursiones extra…. Aunque sabíamos que nos recogerían a todos. En nuestro vuelo eramos muchos, nos recogieron dos autobuses en el aeropuerto y sabíamos que más de la mitad contrataron excursiones para los tres días, además estábamos en diferentes hoteles, con contrataciones de diferentes agencias de viajes y a diferentes precios.

Eramos conscientes que en algunos países como Turquía o Egipto es una practica habitual que, los guías que trabajan subcontratados por las grandes agencias, anden con ” tejemanejes” de las cosas extras que ofrecían con precios inflados, en parte debido a los bajos sueldos que les pagan las agencias. Y  también sabíamos, de aun así, cuando se dispone de poco tiempo es una manera rápida de ver las atracciones, museos, etc. y aprovechar mejor el tiempo por grande que sea el grupo. Haber ido por nuestra cuenta, nos hubiese costado dos días realizar la misma excursión probablemente, ya que íbamos un poco de punta a punta.

 Como era previsible nos recogieron más tarde de lo acordado y nos fuimos a Santa Sofía. Con sus 1400 años de existencia, la iglesia de la sagrada sabiduría (Haghia Sophia) es uno de los logros arquitectónicos del mundo. En el siglo XV los otomanos la convirtieron en mezquita, añadiendo alminaretes, tumbas y fuentes. Esta abierta de martes a domingos de 09.30 a 17.00, debido al retraso solo nos permitió estar tres cuartos de hora, insuficiente tiempo, aunque lo vimos todo, fue muy rápida la visita.

¡En casa nos dimos cuenta que la entrada estaba caducada una año y pico antes! 

De allí nos fuimos al Bósforo donde realizamos un crucero por las aguas cruzadas por el Mar negro y el Mar de Mármara.  En ambas orillas se encuentran las típicas casas de madera (Yali) y los palacios de Dolmabahçe,  Beylerbeyi y Çiragan, las fortalezas de Rumelei y Anadolu. Cuando me entregaron el folleto de las excursiones, al leerlo rápido interpreté que llegábamos hasta el Mar Negro…  Fuimos hasta el segundo puente, el Mar Negro lo vimos muy, pero que muy de lejos.

El recorrido es precioso, hay una línea de transbordadores que lo realizan, también hay transbordadores turísticos que realizan el trayecto de ida y vuelta hasta el último puerto y una vez allí te dan tiempo para comer. Nosotros teníamos pensado coger el transbordador turístico antes de contratar la excursión.

Después del super-crucero…. nos fuimos al Palacio de Beylerbeyi. En la entrada nos dieron unos peucos de plástico (como los de los hospitales) para que nos lo pusiéramos y no pisáramos las alfombras. No sé si también había prisa, pero para mi gusto íbamos muy rápido y en un grupo tan grande o vas el primero o no te enteras de nada. No nos permitieron hacer fotos. El palacio fue la residencia de verano del sultán Addül Aziz, lo recomendamos.

De allí nos fuimos a comer a Sanat Restaurant Mürsel Akdemir en Eminönü un menú escaso y poco variado, que se hizo esperar. Nada que ver con la comida por nuestra cuenta del día anterior, ya que no me gusta el pimiento y para colmo hasta las tapitas llevaban o pimiento rojo o verde frito. El guía lo intentó solucionar y me trajo una supuesta pizza turca que resultó ser masa de pizza y ya está… Con el estomago ligero, sobre todo el mío, nos fuimos a la Mezquita Nueva.

Frente a la mezquita se encuentra el Bazar de las Especias, mercado abovedado en forma de L construido para ampliar la mezquita. En él se puede comprar con regateo especias, miel, dulces, pastirma, carne cruda y exóticos afrodisíacos. Fue donde más disfruté, lo que más llama la atención son los diferentes olores y colores, es evidente que funciona como mercado local más que turístico, por que se encuentran muchos productos de primera necesidad.

 La mezquita Nueva (Yeni Cami) el estilo es típicamente otomano con un patio monumental, una vez en la entrada nos descalzamos todos y la mujeres nos tuvimos que cubrirnos la cabeza; yo me la cubrí con mi precioso pañuelo de seda multicolor. Son especialmente bellos los azulejos con forma de media luna y el friso coránico que adorna el pórtico entre el patio y la sala de oraciones.

Me llamó la atención que las mujeres estaban a ambos lados del pórtico de la entrada, en una especie de habitáculos con algunos partes cubiertas por cortinas, de espaldas al muro, de una forma tan discreta que si no te fijabas no las veías. En mitad de la explicación del guía le llamaron la atención, porque sin ser y yo consciente se me había resbalado algo el pañuelo de la cabeza dejando al descubierto parte de mi cabeza, me cubrí la cabeza. El hecho de que me llamaran la atención, generó algo de indignación y revote por algunos hombres del grupo.  A diferencia de las de Marruecos, los no musulmanes, podemos visitar todas las mezquitas.

La excursión terminó en la puerta del Gran Bazar, miles de pequeñas tiendas en un laberinto de calles cubiertas de bóvedas pintadas que exponen bellamente sus productos. Se puede entrar por diversas puertas. Hoy en día es un mercado para turistas, aun así aconsejo la visita.

Nos sorprendió el exceso de patriotismo por la cantidad de banderas turcas que habían colgadas en casi todos los sitios: balcones, ventanas, adornos en los locales, etc. (yo quisiera lo mismo en España). El guía nos dijo que era una forma pacífica de reivindicar que eran turcos, aunque fuesen de minorías étnicas afincadas durante siglos en Turquía: los turcos-kurdos, turcos-griegos, gitanos, etc. Ha habido mucha polémica entre estos grupos que han sido fuertemente oprimidos en los últimos años en los que prohibieron que se cantara o tocase determinado tipo de música. Afortunadamente hoy esto ha cambiado y actualmente se pueden escuchar todo tipo de estilos.

Después de una revitalizante ducha nos fuimos a cenar a un kebap al Hamddi Restaurant, en la terraza acristalada. Las vistas eran magníficas, se divisaba la Torre Galata sobre el Cuerno de Oro, y también la Mezquita Nueva. Volvimos andando hasta el hotel. El día siguiente para mí era el más esperado, ya que íbamos a visitar el Museo Arqueológico y el Palacio de Topkapi.

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