Los hammams son unos baños de vapor donde te exfolian la piel, te dan un buen masaje, y te relajas. Normalmente están separados por géneros. Te cuento mi experiencia y cómo la viví....
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África, Experiencias, Marruecos

Ir a un hammam en Marrakech

Buscando información sobre Marruecos descubrí los hammam y como suelo apuntarme a un bombardero, pregunté en la agencia por un hamman en Marrakech, que no fuera muy turístico, por eso de vivir la experiencia y que no me la cuenten, sino contarla yo.

Me sugirió al que iba ella cuando visitaba Marrakech. Como mi francés no era muy bueno, le pedí a nuestro guía que llamara y me reservara para después de la excursión y así lo hizo.

Lo único que sabía sobre los hammams es que son unos baños de vapor donde te exfolian la piel, te dan un buen masaje, y te relajas. Normalmente están separados por géneros.

El Hamman de Ziani

Después de cruzar la entrada, nos hicieron pasar al salón y nos ofrecieron té.

Nos sentamos en los sillones, y Jose y yo tomamos un té y estuvimos hablando un rato. Cuando me termine el té se lo hice saber al gerente y me hizo pasar a una habitación algo en penumbra, donde habían taquillas y vestidores. Jose se fue a callejear y darse una vuelta por la plaza Jemaa el Fna, mientras hacía tiempo.

El Hamman de Ziani

El Hamman de Ziani

Entré a una sala con taquillas y vestidores. Me dieron un capazo de plástico donde había unas bragas desechables y unas chanclas que me venían enormes, y eso que yo uso el numero 40 y medio ¡Deberían ser lo menos del 45!

Al poco vino una chica que sólo hablaba francés, hoy mi francés es mejor pero entonces no… la comunicación entre ella y yo fue con señas. Me señaló que dejara todas mis cosas en una taquilla, incluido el reloj, la cerró con llave y me la dió.

Después me cogió de la mano, como si fuera una niña y me llevó a una sala. Internamente se lo agradecí, porque con las chanclas me iba resbalando y con lo patosilla que soy y con el suelo mojado, lo más seguro es que… ¡Me hubiese resbalado y roto la crisma!

En la sala húmeda o de baño

Me señaló un pilón de piedra en medio de camas de piedra tipo camilla-pila. Como no entendía que quería me situó enfrente, y con suavidad, me empujó hacia abajo los hombros, entedí que quería que me sentara y me senté frente a ella. Después cogió una jarrita, la introdujo en un cubo con agua, la llenó y me la echó con suavidad sobre la cabeza y el cuerpo varias veces.

El agua estaba tibia y después empezó a enjabonarme la cabeza y después el resto de mi cuerpo.

¡Me quedé medio paralizada unos instantes! Aunque sabía que me iban a exfoliar la piel, no me esperaba que otra adulta me duchara. Después de enjabonarme, me aclaró de arriba a abajo con el agua que vertía de su jarrita, que a su vez llenaba del cubo. No fue desagradable, más bien impactante.

Tenía sentimientos muy contradictorios, por una parte me sentía violenta aunque en ningún momento tenía ninguna connotación sexual, por parte de la chica aquello era su trabajo y lo había hecho cientos de veces, me sentía algo extraña… ¡Me duchaba otra adulta! Pero, por otra parte, era muy agradable. Aquella mujer, en tan solo unos segundos… ¡me llevó de golpe a mi más tierna infancia!

Superado el impacto inicial, me relajé. La chica era muy dulce y cuando la miraba o se cruzaban nuestras miradas, me sonreía.

Una vez duchada me volvió a coger de la manita. Agradecí que me volviera hacer de mi lazarilla, por que el suelo estaba  muy mojado y esta vez, sí que sí… era seguro que me estampaba contra el suelo.

Me llevó a la sala del vapor.

¡Me aparcó y se fue! La luz que entraba en la habitación era la de los tragaluces, muy tenue y el aire no era asfixiante, todo lo contrario, no quemaba al respirarlo, como sí ocurría en las saunas en que había estado otras veces que era asfixiante. Estaba yo sola en aquella sala semicircular, perdí la noción del tiempo y empecé a sentir que estaba sudando como un pollo, estaba claro que se iban a quedar todos mis poros bien limpitos.

Al rato, la chica vino a buscarme y nuevamente me cogió de la mano y me guiaba. ¡Esta vez cuando caminaba, se oía una especie de ñac, ñac! Era el sonido de mis pies, que a duras penas podía mantener dentro de las chanclas. ¡Esto iba empeorando por momentos!

¡Estaba segura de que de allí saldría lisiada, con una buena medalla de guerra, como en la mayoría de mis viajes!

Me llevó de nuevo a la sala donde me había duchado

En esta ocasión, me indicó que me subiera a la camilla de piedra. Me quité las chanclas para no escoñarme y me subí. Me duchó nuevamente, pero esta vez tumbada.

Creía que no habría ningún sobresalto, pero nada más lejos de la realidad… Estaba tumbada boca abajo, me enjuagó de nuevo y después empezó a enjabonarme. ¡Cuando llegó al culete, apartó la braguita y frotó con su estropajo! Primero una y después la otra vez, ¡No me lo esperaba!

Cuando terminó, me pidió que me diera la vuelta y me enjabonó por delante y lo mismo también me enjabonó el pecho, finalmente me aclaró, para nuevamente volverme a enjabonar y aclarar. Cuando creía que había terminado, me cubrió de arriba abajo con arcilla y me enrolló con plástico como una momia y se fue. Allí me quede sólita mirando el techo, envuelta como un rollito de primavera, escuchando el relajante sonido del agua que caía sobre los cubos.

Pasado un rato vino, me desenrolló y me duchó de nuevo dos veces. Me indicó que me levantara. Tuve tentaciones de ir descalza y guardar las chanclas en la cesta, pero resistí y continué como pude caminando con ellas, eso sí, cogidita de la mano…  y me llevó a una nueva sala donde habían unas cuatro camillas de masajes, tres de ellas ocupadas por nórdicas.

En la sala de masajes

La chica me hizo señas para que me tumbara boca abajo sin la toalla. Cuando me tumbé, me roció con aceite y empezó a masajearme la espalda y las piernas. No es que me haya dado muchos masajes, unos cinco o seis, los suficientes como para saber que los masajes no eran su fuerte de esta chica.

Estaba tan a gusto que hubo instantes en los que me dormí. Pasado un ratito, me llevó de nuevo a la sala donde estaban las camillas de piedra.

De nuevo en la sala húmeda

Me volvió a duchar como la primera vez, sentada. Cuando terminó me llevó de la mano a los vestidores y me habló en francés; no sabía lo que me decía, me había quedado tan relajada que me costaba hasta pensar, después cuando se fue me di cuenta de que pidió que le diera dinero, algo que tenían prohibido.

En el mostrador ponía en todos los idiomas que no se diera dinero a los empleados, ya que en el precio iban incluidas las propinas.

El salón del hamman de Ziani

El salón del hamman de Ziani

Cuando salí Jose me estaba esperando y sonrió al verme tan relajada, me dijo que parecía hasta ausente, con la piel super-brillante y suave.

Después de hacernos unas fotos de recuerdo, regresamos al hotel caminando.

 

Deseo haberte hecho pasar un rato agradable de lectura con mi vivencia, y si quieres hacer algún comentario o aportación, es bienvenida.

¡Gracias y felices viajes!

 

NOTAS VIAJERAS

  • Si vuelvo a ir a un hamman en Marruecos, me llevaría un pareo, un tanga y unas chancas antideslizantes, y de mi numero.
  • La piel se me quedó muy suave e hidratada.
  • En este lugar no vi a mujeres marroquíes, sino a extranjeras. Hubiese preferido un hamman menos turístico, pero bueno, estuvo bien la experiencia, aunque no repetiría en este local, buscaría otro, por probar.
  • De todos modos, sí que recomendaría este hammam, me trataron muy bien.

 

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