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Europa, Turquía

Estambul: cuna de civilizaciones (Turquía fascinante 1)

Me gusta leer la historia de los lugares donde vamos, y sin duda la historia de Estambul es fascinante, como curiosidad: Marco Antonio y Cleopatra se citaban en Estambul.

Estambul está situada a lo largo del estrecho del Bósforo que une el Mar Mármara y el Mar Negro, además de una ría llamada el Cuerno de Oro. Su situación privilegiada ha hecho que se hayan dado de bofetadas por el control de la ciudad, que se sitúa entre dos continentes.

Conocida como Bizancio, Constantinopla por los romanos y finalmente por los otomanos como Istanbul.

 Por allí pasaron los persas, los griegos, los espartanos, los galos, fue la segunda capital en el Imperio Romano, también se establecieron los árabes. Los genoveses y venecianos se establecieron en la zona de Gálata e iniciaron allí la Cuarta Cruzada, nuevamente dominada por los griegos y finalmente por los otomanos como su tercera capital, convirtiéndose después en el centro del mundo musulmán. 

Realizamos el viaje en circuito con la agencia Club 5 Estrellas. Por menos de 600€ y pasamos 3 noches en Estambul con desayuno incluido, y en circuito:1 noche en Ankara y 2 noches en Capadocia con excursiones y pensión completa (excepto bebida).

¡En el precio estaba incluido el traslado de nuestra ciudad al aeropuerto de Barcelona!

 El primer día en Estambul

Llegamos de madrugada sobre las cuatro de la mañana por un retraso en el vuelo de más de 2 horas, después de pasar por el visado nos fuimos a recoger la maleta, con la sorpresa de que nos la habían roto, después de poner la reclamación, el grupo con nuestro guía nos esperaba fuera con impaciencia. Vimos amanecer en el autobús camino al Hotel.

Nosotros elegimos el hotel de la promoción, el más barato y tuvimos la suerte de que por la falta de plazas, nos asignaran un hotel superior al contratado el Hotel Venera. ¡Según parece nos tocó la lotería con este hotel! Pudimos saber después que el otro hotel está cerca de una mezquita y que en la habitación se oía perfectamente las llamadas a la oración para los fieles y que era complicado dormir toda la noche de un tirón…

En el trayecto  a los hoteles, el guía nos ofreció a todos las diferentes excursiones que su agencia realizaba, nos indicó que al bajar del autobús le teníamos que decir los que estábamos interesados en alguna excursión, para la formación de los grupos, y que teníamos que decidirlo en ese momento, que más tarde ya no nos podríamos apuntar porque se completaban las plazas del autobús y había que pagarles por adelantado a la llegada al hotel.

No nos gustó la presión y nos parecieron muy caras, pero decidimos apuntarnos a una excursión para el día siguiente de un día entero sobre 60 € por persona. Ese día y el último, ir por nuestra cuenta. ¡Fue un acierto!

Al llegar a la habitación nos acostamos un rato. Sólo aprovechamos parte del día, después de desayunar fuimos a cambiar unos pocos euros por liras turcas en una de las oficinas oficiales de cambio (es importante guardase el recibo). Enfrente esta la parada del tranvía y con él nos desplazamos hasta la estación de tren.

¡En el primer día de estancia abandoné unos cuantos perjuicios! La mayoría de la población es musulmana, por varias experiencias laborables, tenía un mal concepto de los musulmanes; para muchos de los musulmanes con los que yo había tratado, la mujer es un ser muy inferior al que no respetan, y es muy desagradable tratar con individuos que no aceptan la autoridad de una mujer.

Esperaba parecido trato de los musulmanes ; había leído que en Estambul no eran musulmanes radicales, que convivían con cierta armonía las diferentes religiones y etnias ¡Pero allí, yo era una mujer y encima extranjera!

La sorpresa me la lleve a bordo del tranvía, estaba repleto y yo en el trayecto parecía una hoja mecida por un fuerte viento, sobre agarraba fuertemente al asidero, iba de un lado a otro. Al poco de subir un de los pasajeros me cedió su sitio, me indicó que me apoyara en un separador del descansillo y así lo hice. Después de aquel gesto, se sucedieron muchos más de otros musulmanes que me trataron con mucho cariño y respeto.

Nuestra primera parada fue en la estación de tren: Estación de Sirkceci construida para recibir el lujoso Oriente Express europeo.

Cerca de la estación había una caseta donde te venden los bonos de trasporte público; también el akbil que sirve para cualquier de transporte en la ciudad de Estambul, incluido el trasbordador. No tuvimos ningún problema para comunicarnos con el inglés rudimentario de de Jose.

Cerca de la Mezquita Nueva hay una estación de autobuses donde cogimos el nº 90 para ir al barrio de Edirnekapı para visitar la Iglesia San Salvador in Chora: Kariye Camili; fue fácil legar gracias a las indicaciones del contutor del autocar.

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San Salvador en Chora

Museo Kariye. Iglesia San Salvador en Chora. Kariye Camii Sok, Situada en el barrio de Edirnekapi. Autobús: 28, 86, 90. De 9:15 a 16:00 de Jueves a Martes.
Se encuentra cerca de las murallas de Teodosio, esta pequeña iglesia bizantina fue convertida en Mezquita por los otomanos y sus frescos y paneles de mosaicos fueron enjalbegados, limpiados y sacados a luz cuando la Mezquita fue convertida en museo después de la proclamación de la República. La iglesia actual data del siglo XI. Entre 1315 y 1321 se remodeló y, por encargo de Teodoro Metochites –un notable de tu época- se incorporaron los frescos. En la nave podemos observar tres escenas de mosaicos del siglo XIV.

Es hermosa, pero aún sin querer, siempre se compara con lo que una ya ha visto antes, y nosotros ya habíamos visto mayores y mejores mosaicos en Sicilia, concrétamente en la catedral de Monreale, creados por maestros bizantinos en el 1184.

Después nos fuimos a comer en uno de tantos pequeños locales de comidas. En un mostrador estaba expuesta la comida ya preparada en bandejas y se escoge las raciones que se desea: verdura, legumbres, carnes salseadas, pescados o dulces, y luego te sirven en la mesa. Pedimos legumbres y dos raciones de carne con diferentes salsas. Estaban sabrosísimas y nos costó menos de 5 € con bebida incluida.

Luego estuvimos callejeando, y después de dar como siete u ocho vueltas abandonamos la búsqueda de la Sinagoga de Ahrida, nos cruzamos con más de un judío pero no la encontramos. De camino paramos en una tienda turca para turcos, donde me compré un precioso pañuelo de seda multicolor, de los que usan ellas para cubrirse el cabello. Paseamos por Fenet, un barrio residencial poco turístico donde vimos varias yalis: casas de madera.
 La iglesia de Pammakaritos: Fue una de las sedes del patriarcado griego, pero se convirtió en mezquita. Cuando por fin pudimos llegar, habían cerrado apenas hacía media hora. Vimos las fachadas de la Mezquita de Selim l que estaba cerrada por obras. Nos costó mucho llegar: las calles son tipo judería, de las que ves asomar el edificio a lo lejos, pero no llegas nunca a él, das vueltas y vueltas, porque se han de tomar atajos o callejas intermedias para poder llegar. Después nos fuimos a la Iglesia del Pantocrátor hoy mezquita, y también la encontramos cerrada.
 
 La iglesia de San Esteban de los Búlgaros, se realizó en Viena en 1871 donde fue construida enteramente en hierro. Las piezas se enviaron al Cuerno de Oro y se ensamblaron en sus orillas, también estaba cerrada. Era como si hubiese una conjura secreta que nos impidió verlos: una razón más para volver a esta fabulosa ciudad.

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La Mezquita Azul y Santa Sofía al fondo a la izquierda

Paseamos bordeando el Cuerno de Oro hasta el muelle de Balat, donde tomamos el último trasbordador hacia Eminönü. El trayecto coincidió con la puesta de sol, fue precioso ver aquel atardecer en nuestro primer día en Estambul navegando por el Cuerno de Oro y contemplando la Torre Galata, la grandiosa Mezquita Azul y la imponente Santa Sofía.

Cerca de la parada en el mismo Cuerno de Oro, habían barcas con cocina abordo donde preparaban bocadillos de sardinas; la clientela se sentaba en el muelle en unas mesitas casi de juguete donde cenaban, permaneciendo el tiempo justo de la cena. Como vimos familias cenando allí, nos pareció un buen sitio. Nos comimos un par de sabrosos bocadillos de sardinas rebozadas con lechuga, y aderezadas con unas gotas de limón. Con la tripita llena, en uno de los numerosos restaurantes que hay bajo el Puente de Galata, nos tomamos dos insípidos cafés (pese a haber pedido expresos). Por último, cruzamos el puente y fuimos a ver de cerca la Torre de Galata, y desde allí tomamos el tranvía que nos acercó hasta el hotel a descansar para el largo día que nos esperaba.

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