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Europa, Italia

Sicilia: Volcán Etna (17 días en Italia 11)

El volcán Etna está situado en la zona oriental de la isla de Sicilia, con algunos enormes cráteres y una altura de 3.330 metros, es el volcán activo más grande de Europa y uno de los que más actividad registran en todo el mundo.

Para los griegos era el hogar de Hefestos, dios del fuego, quien usaba sus llamas y lava para forjar los rayos de Zeus; los árabes lo llamaban Mongibello (Montaña de Montañas). Hoy el parque del Etna abarca una gran parte del volcán, en el que numerosos granjeros producen vino, queso, miel y fruta en sus ricas laderas de lava. Se puede practicar esquí, senderismo, contemplar impresionantes vistas panorámicas y algún que otro chispazo de un vivo color rojo.

El descanso fue reparador, aquel era el último día en Sicilia y lo queríamos culminar con la visita al volcán Etna, pero no estaba muy claro que pudiéramos llegar ya que la carretera estaba cerrada por las fuerte nevadas de días antes, según nos dijeron el día de anterior permaneció cerrada, así que no tuvimos más remedio que probar suerte.

Después de desayunar nos dirigimos al Museo Vulcanológico dell’Etna en Nicolosi.
04_Carmen_512K 095Siempre he dicho que soy muy afortuna, que suelo estar en el momento justo y en sitio apropiado. En el museo nos dijeron que podíamos ver la proyección de un documental sobre el volcán en el idioma que quisiéramos, porque tenían la sala de proyecciones preparada para un grupo escolar que había reservado la sala, pero que habían anulado la excursión ante el riesgo de no poder visitar el volcán Etna. Y gracias a ello vimos la proyección en español. 

Después de la visita al museo, nos fuimos con la ilusión de poder subir en el funicular al Refugio Sapienza. 

En el museo nos dijeron que no sabían si podríamos llegar tan solo al Refugio Sapienza (donde se encuentra la Funivia del Etna).  Llegamos sin problemas y pudimos subir al Funivia. ¡Apenas hacía unas horas que se podía circular!
23_IMG_0626La cabina te sube 2500 metros, después hay un segundo tramo con vehículos especiales todo terreno que te transportan hasta las zonas del cráter autorizadas. La visión del humo saliendo del cráter y ese olor a azufre fue un subidón. Los buses no subían y decidimos hacer46_IMG_0638lo nosotros a pié, al igual que veíamos que hacían otros, e iniciamos el ascenso. Después de media hora larga de caminata por las laderas nevadas, el tiempo cambió de repente, el cielo se cubrió de nubes, cayó una densa niebla y casi se hizo de noche en menos de cinco minutos; de repente el suelo de nieve escarchada se convirtió en hielo cubito. Con gran dificultad y temor pudimos bajar… no creo que se me vuelva a ocurrir subir una montaña nevada en solitario a tanta altitud. Luego nos enteramos de que así son los cambios del tiempo en la alta montaña, por eso es tan peligroso.

Después de comer y comprar algunos regalos en el refugio, volvimos a tomar de nuevo el Funivia para bajar hasta el aparcamiento donde teníamos el coche; y de allí a devolver el coche de alquiler en el aeropuerto de Catania.

Desde el aeropuerto cogimos un autobús que nos dejó en la estación de trenes de Catania. Dejamos las maletas en la consigna de la estación, le preguntamos al encargado dónde podíamos cenar, como no lo sabía se lo preguntó a un revisor, como este tampoco tenía muy claro qué podría haber abierto tan pronto, se lo preguntó al barrendero, y el barrendero nos mandó a la trattoria Don Saro cerca de la estación, donde cocinan comida típica siciliana. Al llegar al local estaba cerrado, pero tuvimos la gran suerte de que en esos momentos llegaba el cocinero. Al preguntarle si nos podría servir de cenar, nos dijo que era demasiado temprano pero al decirle que no disponíamos de tiempo porque en unas horas salíamos en tren con dirección Roma, accedió a servirnos la cena a las 19 horas.

Pedir la cena fue una aventura porque no entendíamos nada, así que pedimos a voleo lo que nos pareció. Tanto en el primer como el segundo plato remojamos el pan ¡Estaba sabrosísimo!

Lo que no nos gustó tanto fue que de prostre nos sirvieron en un plato enorme con un higo chumbo servido en mitad del plato abierto como una flor; con cada bocado se te llenaba la boca de semillas… Jose con los dientes apretados me dijo:

¡Si te hablo te acribillo! Nos moríamos de risa los dos, fue muy divertido.
72_IMG_0659Después de la magnífica cena, felices y con el estomago lleno, nos fuimos a esperar el tren. Llegó con retraso, pero eso no fue lo peor, sino que no encontrábamos el vagón-cama donde estaban nuestras literas. Con gran inquietud decidimos subir en el último vagón del tren e ir avanzando hasta encontrar el nuestro ¡Fue imposible! Había abordo un señor enorme con camiseta de tirantes, a pesar de que hacia frío, y con claros síntomas de embriaguez que ocupaba prácticamente todo el pasillo; y además estaba acompañado de otras personas que también parecía que estaban muy animadas en medio del pasillo y no en sus asientos. ¡Aquello era lo más parecido a un antro y no un vagón!

Al descansillo del vagón donde estábamos llegaba un fuerte olor a sudor, pis, y alcohol. Las personas que veía riendo y gritando desde el descansillo del vagón no me inspiraba mucha confianza, era evidente que pasar por el pasillo con el equipaje, no era una opción. Había leído que por la noche en los trayectos de tren, era mejor hacerlo en cabina, en litera ¡Ahora ya sabia el por qué!

Decidimos que Jose iría a buscar al revisor o el vagón-cama y yo me quedaba con el equipaje. Me quedé en un rincón del descansillo, ya que era imposible pasar por el pasillo o avanzar al siguiente vagón. Al cabo de quince minutos larguísimos apareció Jose, que me indicó que bajara al andén con el equipaje, que aun tardaría unos  5 minutos en irse, para ir por el andén hasta la cabeza del tren donde se encontraba nuestro vagón.

Ya en el compartimento respiramos hondo y bastante aliviados de no tener por vecinos a los del vagón de cola, todo lo contrario, nuestros vecinos eran muy agradables. Estuvimos charlando con un señor mayor siciliano que emigró de joven y que estaba afincado  en Venezuela donde creó una familia. Hablamos de todos los lugares donde estuvimos, de lo mucho que nos gustó Sicilia y de que volveríamos.

Al poco de dormirnos, nos despertamos cuando el tren llegó al puerto ferroviario de Mesina, para cruzar el estrecho, después ya dormimos durante todo el trayecto hasta poco antes de llegar a Roma.

Un año después volvimos a caminar por sus calles, oler sus aromas, sentir su fuerza, oír su bullicio, mezclarnos entre los sicilianos y sentirnos de nuevo libres…

 

NOTA: Aprendimos que a la montaña hay que tenerle un enorme respeto, ya que los cambios térmicos son rápidos y bruscos. También aprendimos que el orden de los trenes en Italia, no siguen un orden; y que por la noche, mejor en cabina que en asiento.

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