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América, Nicaragua

Desove de tortugas en La Flor, Nicaragua (Centroamérica Exprés 25)

La guía era para todos, daría las explicaciones en ingles y en español. Nos indicó las mismas normas que vimos en el documental (primero en ingles y después en español). Que no utilizáramos linternas de luz blanca, ni hiciéramos fotos con flash, porque las luces brillantes las desorientaban y eso provocaba que no desovaran, y además que ya no volvieran más al lugar.

Era evidente que éramos un grupo demasiado grande, así que Jose y yo acordamos separarnos cuando llegáramos a la playa, el grabaría en vídeo y yo por mi parte haría las fotos que pudiera. Hasta entonces habíamos habíamos huido de este tipo de excursiones en plan masivo para turistas, porque suelen ser más caras que si se va por cuenta propia, y además se ve poco y mal. Pero bueno, ¡era lo que había!

Nuestra amable guía nos dijo que fuéramos por un senderito totalmente a oscuras y pegados los unos a los otros y sin salirse, porque cuando habían muchas tortugas se veían obligadas a salir a bastante distancia para desovar, y que por favor nos fijáramos por donde pisábamos una vez en la playa.  Estaba tan oscuro que era fácil perderse.

¡Aquello fue un verdadero caos! La guía intentaba alumbrar con una pequeñísima linterna roja que apenas iluminaba a los veinte mientras caminábamos por el sendero. Cuando el primero paraba, chocábamos unos contra los otros, ¡si no me dejé la nariz fue porque caminábamos muy lentos! Resultaba algo cómico pero ya empezaba a notarse que la gente estaba molesta con la situación.

La guía nos confesó antes de irnos que si había mucha gente solían haber dos guías, pero según parece para Casa Oro veinte personas eran pocos para dos guías… Imagino que tendrían que ser dos o tres camiones con más de sesenta personas. No quiero ni pensar qué podría ser aquello: más pisotones y empujones en la oscuridad y muchas personas muy enfadadas…

¡Y por fin llegamos a la playa! Habían tortugas por todas partes y teníamos que ir con mucho cuidado para no pisar o tropezar con las enormes tortugas. ¡Era el día de la gran arribada, qué suerte habíamos tenido!

Estábamos todos muy excitados y conscientes de lo privilegiados que éramos por estar allí. Pero como era de esperar, a los pocos minutos ya hubo los primeros enfados, pues los ánimos estaban caldeados y algunos nos sentíamos estafados por que el grupo era demasiado grande y el coste de la excursión no se ajustaba para nada al servicio.

Si la guía habla en español, las personas de habla inglesas protestaban porque se perdían mucha información de aquel hermoso acontecimiento, y si hablaba en inglés protestábamos los hispano-parlantes porque no nos enterábamos de nada; de hecho las explicaciones en inglés eran más extendidas, pues ellos eran más.

La guía se arrodilló junto a una tortuga al pie del nido e intentado no molestarla, y con su pequeña linterna iluminaba al tiempo que nos explicaba que una vez iniciado el proceso de desove, continuaría hasta finalizar ignorando nuestra presencia. No se podían tocar los huevos, puesto que podíamos contaminarlos y luego se extendería a los otros (al igual que un cesto de manzanas con una sola de ellas podrida). Además, podíamos contraer salmonella si después de tocarlos con las manos luego nos tocáramos la boca.

¡Éramos tantos en la oscuridad rodeando a la pobre tortuga desovando, que apenas veíamos algo con aquella pequeña linterna de luz roja a no ser que lograras estar delante!IMG_1910 Los empujones y falta de educación fueron la tónica, era de esperar con tanta gente y un solo guía…. Los de delante no cedían el paso a los de detrás, y la guía no sabía poner orden. Imagino que para ella sería horrible, se la veía muy incómoda en aquella situación y era evidente que le superó.

Después de las primeras explicaciones alrededor de dos tortugas que desovaban y otras dos que sellaban sus nidos, las iluminaba con objeto de que todos lo pudiésemos fotografiar, cosa que ya habían logrado todos menos yo. IMG_1905Era evidente que iba a ser complicado, habían unos cuantos niños de entre ocho y doce años de habla inglesa a los que fotografié sus cabezas en varias ocasiones, y además me dieron más de una patada cuando se abalanzaban sobre la arena bruscamente, sin miramiento alguno de ellos o sus padres; sobre todo el mayor que se tiraba en plancha para poder ver lo que la guía iluminaba y no perderse detalle.

Después de varios intentos sin éxito por fin logré una buena posición, la linternita llegó donde yo estaba y emocionada me disponía a fotografiar el evento. ¡De la nada salieron mas cámaras y cabezas pequeñas que ocupaban toda la visión! Ya a esas alturas no pude más, estaba muy cansada y aun más enfadada, por lo que protesté enérgicamente a la guía, y al final logré hacer algunas fotos en las que capté el desove de una sola tortuga, y cómo no, más cabezas.

IMG_1906

¡Fotografié a la tortuga poniendo huevos!

La playa estaba muy oscura y habían varios grupos con guía en la playa. No se lograba ver con la luz existente las tortugas anidando, sino bultos por todas partes; si nos acercábamos mucho se adivinaba que eran tortugas, pero lo que se dice verlas, solo se lograba verlas al iluminar el suelo en una noche tan oscura. Era evidente que no iba a poder observar mucho y menos obtener más fotografías con mi grupo, y así que me pegué a otro grupo de cinco personas con guía que hablaba español. ¡Observé sin empujones, pisotones ni codazos a una hermosa tortuga desovar!, poco después nos reunimos Jose y yo e intentamos disfrutar de aquella maravilla que la naturaleza nos brindaba. Nos sentíamos privilegiados de estar allí, a pesar de la mala organización.

Nunca olvidaremos a las tortugas en la playa, cómo se desplazaban por la arena, el sonido que producían con las patas traseras aplanando la arena sobre sus nidos, el balanceo de sus cuerpos sobre el terreno contiguo al nido para así despistar a los depredadores, aquel olor de brisa marina y rumor del agua. En cuanto apenas llevábamos media hora, le llamaron a la guía por teléfono para decirle que el río estaba creciendo mucho y teníamos que volver…

Aquello fue el acabose, hubo un aluvión de protestas, pero según parecía las torrenciales lluvias habían hecho subir el nivel del río que teníamos que vadear con el camión y podíamos quedarnos allí incomunicados un par de días hasta que el caudal nos permitiera pasar. Frustrados y enfadados nos fuimos de nuevo a nuestros saltarines asientos… La gran mayoría esperaba algún tipo de compensación, pero no la hubo.

Cuando llegamos a San Juan, había dejado de llover. Regresamos a nuestro hotel, y resultó que muy cerca de allí había unaa discoteca… Escuchamos la música hasta el amanecer, pero logramos dormir pues estábamos muy cansados.

A la mañana siguiente, después de desayunar cogimos un taxi comunitario que nos llevó al puerto de Rivas en el que llegamos a ser hasta siete dentro del taxi, eso sí, bien arrimaditos con todos los perfumes mezcladitos.

 

NOTAS:

* No recomendamos la contratación de la observación de tortugas (Casa Oro Hostal Internacional), fue pésimo el servicio que nos dieron.

 Ya con la experiencia, recomendamos a los viajer@s que contraten los servicios de un taxi 4×4 antes de anochecer, en Rivas o en San Juan del Sur, y que les lleve a la playa de La Flor. Las primeras tortugas empiezan a arribar desde primera hora de la mañana, y a medida que va avanzando el día van disminuyendo en número, para luego ir aumentando según avanza la tarde-noche.

http://vianica.com/sp/activity/25/ver-arribadas-de-tortugas-en-playa-la-flor 

Información de:
http://vianica.com/sp/go/specials/4-tortugas_marinas_nicaragua.html

 

* Las pocas veces que utilizamos taxis en Nicaragua eran comunitarios: van recogiendo gente y dejándola por el camino. Las personas que lo paraban le indicaban al taxista su destino, y si se ajustaba al itinerario que llevábamos todos, nos apretábamos y subía. Al principio daba un poco de miedo, pues habíamos leído en más de un diario que les habían atracado en un taxi, pero en todo el tiempo que estuvimos en Nicaragua en ningún momento sentimos miedo, lamentablemente no nos ocurrió lo mismo en otros lugares, sobre todo en las capitales.

2 comentarios

  1. Elvira

    He leído con mucho cariño tu detallado relato. De todo, me quedo con la siguiente frase: “Nos sentíamos privilegiados de estar allí, a pesar de la mala organización”-Una experiencia inolvidable la que vivisteis. Saludos cariñosos, amigos mochileros.

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