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América, Guatemala

Dirección a Copán, Honduras (Centroamérica Exprés 10)

 No se puede decir que descansáramos mucho: la habitación tenía un pequeño balcón que daba a la calle, por lo que se oía la música de una discoteca que había cerca, y después, el tráfico matutino se dejó oir pasadas las 4 de la madrugada.

Jose se arrepintió de no llevar también un saco-sábana donde poder introducirse en la cama, y así no tener que rozar aquellas sabanas; no parecían sucias, pero tampoco lo parecían los vasos y tenían posos de ceniza de cigarros, optamos por no investigar más, y así tal vez, poder dormir algo mejor, ¡no somos masoquistas!

A la mañana siguiente el recepcionista del hotel llamó a un “taxista de confianza” para que nos llevara a la estación de autobuses para ir a Antigua. De camino, paramos en un burguer a comprar el desayuno y cambiamos también algunos dólares por quetzales.

Teníamos reservado un tour de tres días a Copán, Quiriguá, Río Dulce y Livingston con la agencia de la escuela de español La Unión en Antigua, así que este era ahora nuestro destino.

 Habíamos oído hablar mal sobre los autobuses de Guatemala, pero queríamos vivir la aventura de viajar en uno de ellos e ir a Antigua y comprobar, si era cierto eso de que las gallinas corrían por los pasillos del bus y de que eran tan peligrosos. 

Roberto el taxista nos llevó a la parada de bus que iba a Antigua. Nos contó que la guerra fue terrible para todos, y después no ha sido mucho mejor; demasiados soldados que no sabían ganarse la vida y que se dedican a robar con violencia: que había días que un mismo autobús había sido atracado tres o cuatro veces… convirtiéndose Ciudad de Guatemala en una ciudad muy peligrosa.

Nos habló de que su país estaba ahora mejor, y que cada vez habían menos atracos. Según nos dijo la gente estaba empezando a tomar la justicia por su mano, y cuando un ladrón intentaba robar a alguien por la calle, la gente se abalanzaba sobre él porque están ya todos muy hartos de tanto robo, y de que la policía hiciera muchas veces la vista gorda…

Nos dijo que de jovencito se marchó de madrugada a Ciudad de Guatemala con un amigo, huyendo de su pueblo para no ser reclutado para ir a la guerra, sin despedirse de su familia. Una vez allí se sacó el carnet de estudiante para que no lo pudiera reclutar el ejército, y mientras tanto se ganaba la vida trabajaba de mecánico. Nos dijo que mataron a su padre porque no le creyeron cuando les dijo que no sabía dónde estaba su hijo, y que no se enteró de lo ocurrido hasta que se pudo poner en contacto con su familia.

Fue muy ilustrativa e interesante la conversación que tuvimos con un guatemalteco, porque cuando escuchas historias tan dramáticas, se es consciente de lo privilegiado que se es de no haber tenido que pasar por algo así…

Al llegar a la parada, Roberto les indicó a los “acomodadores” del autobús que íbamos para Antigua. De repente me abrieron la puerta del taxi y cuando aún no había puesto el segundo pie en el suelo, los vi desaparecer con nuestro equipaje…

Una vez incorporada con los dos pies en el suelo y fuera del taxi, pude ver como nuestro equipaje iba por el aire hasta terminar dentro del autobús.

¡Por un momento nos vi tan solo con lo puesto!

Pocos minutos después el bus partió hacia Antigua.

Ya había leído en una de mis guías de viaje (Centroamérica de la Guía Azul) que ir en este tipo de autobuses era un gran espectáculo… Que te cobraran el billete abordo cuando más lleno estaba y más complicado era andar por el pasillo, con el autobús circulando a toda velocidad….que había que sentarse y disfrutar

Efectivamente casi a mitad de recorrido nos cobraron los billetes. Pero como diría Súper-ratón: ¡Aun hay más, amiguitos!

Tampoco habían paradas establecidas y cada uno se bajaba donde mejor le venía, simplemente hacía alguna indicación al conductor o a los acomodadores y paraba, o más bien, disminuía la velocidad para que el pasajero se apeara en marcha…

En el trayecto hasta Antigua, más que subir pasajeros, el autobús iba recogiendo a la gente. Pronto supimos porqué habían dos acomodadores.

Uno de ellos anunciaba a voz en grito que iba a Antigua desde arriba, o corriendo delante o detrás del autobús, recogiendo a los pasajeros que iban en esa misma dirección. El otro acomodador mientras tanto iba subiendo los equipajes, y tiraba de los pasajeros hasta que subían al autobús, a veces daba la sensación que l@s llevaba en volandas. Los acomodadores se iban turnando en sus funciones. Por otra parte, estaban los vendedores que subían y bajaban ofreciendo sus productos a los viajeros: refrescos, comida, dulces, chicles ¡Y sin parar el autobús!

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Vendedor ambulante del autobús

Tanto a Jose, como a mí nos apasionó y fascinó la manera tan diferente que tienen en Guatemala de hacer las cosas, sobre todo en los autobuses. ¡Por cierto, ningún pasajero llevó gallinas!

Una vez en Antigua nos dirigimos a la escuela de español de La Unión. Aunque tenían nuestro número de teléfono, no fue hasta llegar allí cuando el director nos dijo que el tour se había cancelado debido a las lluvias torrenciales en la zona, y que si queríamos nos ayudaría para que fuéramos por nuestra cuenta a Copan, ya que se sentía un poco responsable. Nos dijo que nos gustarían las ruinas de Copan y que tal vez habíamos salido ganando yendo por nuestra cuenta, en vez de hacerlo de forma estructurada, ya que apenas da tiempo de verlas. (tenia razón, disfrutamos mucho).

Así que decidimos ir a Copán por nuestra cuenta para que no se nos descuadrara mucho nuestro plan de viaje. Le insistimos en que necesitábamos salir ese mismo día, y a pesar de que nos dijo que iba a ser difícil, realizó unas llamadas y finalmente conseguimos dos plazas en el minibús de una de las dos compañías que hacen el trayecto desde Antigua al pueblo de Copan Ruinas.

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