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América, Guatemala

Dirección a La Antigua (Centroamérica Exprés 18)

Al llegar a La Antigua, el conductor nos dijo que nos dejaría los últimos. ¡Menos mal que fue así! ya que cuando llegamos a la Escuela de Español La Unión, estaba cerrado y no había nadie. ¡Estaba cerrada a cal y canto!

Se suponía que teníamos la reserva hecha hacía varios meses y nos estarían esperando…. El amable conductor hizo como cuatro o cinco llamadas sin éxito intentando localizar al propietario, por lo que finalmente nos resignamos a tener que buscar un hotel un domingo a las 20 horas pasadas, lloviendo, y sin cenar.

Fuimos a tres pensiones que le fueron recomendandas al conductor por teléfono, pero no les quedaban plazas. La situación era muy incómoda ya que el conductor había cumplido su parte y pensábamos, que como era muy natural, querría descansar. Pero él nos repetía constantemente que, con la lluvia que caía y con todo el equipaje, no nos iba a dejar hasta que no estuviéramos alojados.

IMG_1557Finalmente encontramos habitación en un hotel y ya teníamos prácticamente decidido quedarnos allí, pero con la experiencia que habíamos ya adquirido (sobre todo después del hotel cucarachero de Ciudad de Guatemala) antes de decir sí, queríamos verlo. Sólo nos dejaron pasar a uno, así que fuí yo a ver la habitación.

Casi tuve que escurrirme para atravesar la puerta del hotel por lo poco que la abrió, después de cerrarla llegó otra puerta enrejada que abrió y cerró con llave tras de mí, pasamos por un pasillo ajardinado, y la sensación no era muy agradable. Tras otra puerta enrejada, que también abrió y cerró con el enorme mazo de llaves que estaba sujeto a una larga cadena enganchada a su cinturón. Después de un amplio salón lleno de puertas numeradas, continuamos caminando hasta llegar a otra puerta enrejada, que nuevamente abrió y cerró, y por fín la habitación. En ningún momento del recorrido escuché a nadie ni nos cruzamos con alguna persona.

La habitación era bonita, pero el lugar no me gustaba nada, y cuando me dijo el precio: ¡80 $ por aquella cárcel!, aun menos. Le dije que me parecía cara, a lo que me contestó que tenía que consultar una posible rebaja.

De nuevo más pasillos cerrados a llave con rejas, hasta que llegamos ante una puerta de acceso que se veía al fondo tras dos nuevas rejas (que imagino que también estarían cerradas con llave). La oscuridad aun lo hacía más tétrico si cabía. El hombre llamó a un timbre de otra puerta enrejada. Al poco se encendió la luz y se iluminó una habitación que parecía un despacho, segundos después apareció un perro de presa, y tras él, el gerente que abrió la rejada con una llave suya. Me invitó a entrar, y la volvió a cerrar con llave.

Sólo me rebajó 10$, de todos modos yo ya tenía muy claro que ahí no íbamos a dormir, ¡ni loca! Le dí las gracias y le dije que no nos interesaba. De nuevo, toda la procesión de puertas que se iban abriendo y cerrando con llave tras de mí. Cuando regresé con Jose y el conductor y les relaté lo sucedido, Jose se quedó alucinado y el conductor nos dijo que ese hotel estaba muy anticuado y que en Antigua no hacía falta tener tanta seguridad, ya se encargaban las autoridades locales y la ciudad era muy tranquila.

Cuando ya estábamos un poco nerviosos porque no sabíamos dónde íbamos a dormir, y además lloviendo, el conductor recibió una llamada y nos llevó a alojarnos en la casa donde vivían la suegra y la cuñada del gerente de la escuela de español La Unión. Se disculparon como unas cientocincuenta veces, a pesar de que el error no había sido de ellas si no de la mala gestión del gerente, y nos ofrecieron una habitación que se apresuraron a asear y cambiar las sabanas.

Después de descargar el equipaje en la habitación le dimos mil gracias al paciente conductor y nos fuimos bajo la incesante lluvia a cenar a un “Pollo Ranchero” (el KFC centroamericano) que encontramos todavía abierto a esas horas. Finalmente nos fuimos a dormir y caímos rendidos, al día siguiente nos esperaba una de las ciudades coloniales más bonitas: La Antigua.

 

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