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Europa, Polonia

El castillo de Malbork

El castillo de Malbork pertenece a la red de castillos de la Orden Teutónica del norte de Polonia, y se erigieron con el fin de cristianizar las tierras del Báltico. De visita obligatoria si se está por la zona. Se dice del castillo que es la mayor montaña de ladrillos al norte de los Alpes, y también la Perla de Pomerania, desde luego no defrauda.

Estación de tren de Malbork (interior)

La estación de tren de Malbork por dentro

Visitar el castillo de Malbork desde Gdansk es fácil, en tren está a poco más de una hora hasta el pueblo de Malbork y después hay un paseo al castillo cruzando el pueblo. O bien se puede ir desde la estación con bus o taxi.

Polonia es mayoritariamente plana, con pocas barreras geográficas naturales (cadenas montañosas, etc.) y por ello, hay una larga lista de invasiones constantes de sus vecinos a lo largo de toda su historia. Polonia incluso llegó a desaparecer como estado, y gracias a Napoleón, que la restableció, volvió a ser una nación.

Estación de tren de Malbork (exterior)

La estación de tren de Malbork, por fuera

El castillo de Malbork fue construido entre los siglos XIII y XIV íntegramente de ladrillo. Por lo que leí en la preparación del viaje a Polonia, la convivencia del pueblo con los caballeros teutónicos fue más bien bastante agitada, aunque hubo temporadas pacíficas.

Visitar el castillo de Malbork

Entrada al castillo de Malbork

La entrada al castillo y a la derecha la taquilla

La entrada se compra en una taquilla que hay antes de entrar al castillo, que queda a la derecha según se entra, allí también hay lavabos y alquiler de audioguías. Está disponible en español. Después de cruzar el foso de la entrada, llegamos a un panel informativo donde hay una foto de como quedó el castillo tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Acceso a Malbork

Indicación del camino

El castillo de Malbork es la joya de la Orden. A mediados del siglo XV pasó a manos polacas, luego de prusianas, fue una de las bases del ejercito nazi, y finalmente acabó siendo bombardeado por el ejército soviético en 1945 y parcialmente destruido. El gran trabajo de recuperación, permite hacer un viaje en el tiempo, al pasado del castillo.

Malbork después de la Segunda Guerra Mundial

En el panel informativo hay una fotografía del estado del castillo después de la guerra

Entrada al Castillo Alto de Malbork

El puente levadizo, la entrada al Castillo Alto

Me sorprendió que un castillo del siglo XIII esté construido de ladrillos y no de piedra, como la gran mayoría de castillos medievales que he visto. Lo normal es que se construya usando los materiales que hay en la zona. El ladrillo es mejor aislante que la piedra y mucho más fácil de fabricar y construir.

En Polonia hay muy pocas canteras y resultaba muy costoso construir con granito, limitandolo así a los elementos más expuestos al ataque del enemigo como: los cimientos, portales y marcos de las puertas. Por esta escasez de granito, las construcciones de la Edad Media en toda Polonia son mayoritariamente de arcilla (de ladrillo); como ejemplos: la Barbacana de Cracovia y Varsovia, o el castillo de Wawel de Cracovia.

La visita al castillo se divide en El Castillo Alto y Castillo Mediano, ambos tienen varias plantas, y los museos se encuentran alrededor del patio.

En el patio, frente al museo del ámbar y detrás de mi el Castillo Medio.

En el patio frente al Museo del Ámbar, y detrás de mi el Castillo Medio

En la información que se facilita en el propio castillo se indica que la visita al recinto con sus museos dura aproximadamente sobre 3 horas y media.  Básicamente lo visité todo, pero me hubiese gustado disponer de una hora más y verlo con más tranquilidad. A mi normalmente me suelen costar más tiempo las visitas, sobre media hora o una hora más de las estimaciones oficiales o los pronósticos, unas veces porque me quedo embobada admirando algunas obras, o bien escuchando las explicaciones de la audioguía por segunda vez y no perderme nada, y otras por no avanzo porque hay retenciones en escaleras o pasillos.

Museo del Ámbar de Malbork

Museo del ámbar.

Entrada al Museo del Ámbar

Un trocito de ámbar expuesto en el museo del ámbar de castillo. Para poder verlo se ha de mirar por unos prismáticos.

Un trocito de ámbar expuesto en el museo del ámbar de castillo. Para poder verlo se ha de mirar por unos prismáticos.

Otro trocito de ámbar expuesto en el museo del ámbar de castillo. Para poder verlo se ha de mirar por unos prismáticos.

Otro trocito de ámbar expuesto en el museo del ámbar de castillo. Para poder verlo se ha de mirar por unos prismáticos.

Trocito de ámbar expuesto en el museo del ámbar de castillo. Para poder verlo se ha de mirar por unos prismáticos.

Trocito de ámbar expuesto en el museo del ámbar de castillo. Para poder verlo se ha de mirar por unos prismáticos.

También hacer mención al Museo del Ámbar que hay en su interior, que según algunos foros es mejor que el de la capital del ámbar: Gdansk. 

La gran mayoría de carteles informativos están en polaco y es una buena opción visitarlo con guía local o con la opción mas barata de “el audioguía” (hay en español).

Reloj de ámbar expuesto en el castillo de Malbork

Reloj hecho de ámbar expuesto en el Museo del Ámbar del castillo.

Curiosidades del castillo de Malbork

La calefacción del castillo

Chimenea donde entraba el aire caliente y a la izquierda en el suelo hay también la cavidad de cobre, donde ponían piedras calientes

Frescos originales en el techo

Frescos originales en el techo

Nosotros elegimos esta opción. Mi guía de viajes, La Guía Azul, recomendaba estar pronto porque las audioguías se agotaban enseguida.

Destacar la simpatía de las guardianas de las salas del castillo (mayoritariamente mujeres), que fueron muy amables cuando les pedí que me hicieran más de una foto con algunas mis cámaras, con mi habitual desparpajo para poder inmortalizar la extraordinaria visita al castillo y asegurarme que saldría en alguna foto con los ojos abiertos.

La calefacción del castillo

La calefacción del castillo…

Esta taba de la calefacción del suelo es una de las originales

Esta taba de la calefacción del suelo es una de las originales

Lo que más nos llamó la atención es que en las salas más importantes y en algunos dormitorios, había calefacción mediante piedras calientes, y también con el sistema tipo hipocausto, un sistema de calefacción que usaban los romanos en sus termas: con el fuego de leña que ardía todo el día en la parte baja, en la chimenea del sótano, se calentaban las habitaciones y salones a través de los conductos en el interior de las paredes. Una vez alcanzada la temperatura deseada, se cerraban los orificios de escape y se abrían los canales.

Salón con bala de cañón

Salón donde hay incrustada en la pared una bala de cañón

Primer plano de la bola de cañón.

Primer plano de la bala de cañón

El baño

El baño

Muchas de las salas están prácticamente vacías o con algún elemento de lo que fue en el pasado, aun así, es un lujo recorrer sus pasillos con siglos de historia.

Finalizada la visita, nos fuimos a la estación con dirección a Gdansk. Esta vez el viaje fue rápido y sin contratiempos, no como por la mañana que perdimos una hora e hicimos un transbordo para llegar antes, gracias a las indicaciones del amable revisor del tren.

Una vez en Gdansk almorzamos en un kebab, aunque era más bien hora de merendar…, y después a pasear por sus calles hasta la salida de nuestro tren nocturno hacia Cracovia. ¡Aun quedaba toda una la tarde-noche de visita por Gdansk! Pero eso ya pertenece a la siguiente entrada….

 


NOTAS VIAJERAS

  • Enlaces de interés: Web oficial
  • En toda Polonia el horario de visitas de los museos cambia según el día y temporada. También hay entradas reducidas para las visitas durante las últimas horas antes de cerrar.
  • También recomienda mi Guía Azul: el pasear en barco por el río Nogat y obtener una panorama del castillo desde el agua. Nosotros sólo visitamos el castillo y obtuvimos dos panorámicas a bordo del tren, al ir y al volver. Por la noche hay un espectáculo de luz y sonido.
  • En los alrededores se encuentra la “Pequeña Holanda”, unas tierras bajas en las que emigrantes holandeses introdujeron su particular estilo arquitectónico.
  • También cerca se puede visitar también el Castillo de Gniew.
  • Los sábados una empresa privada organiza un paseo por el río para admirar la fauna.

 

 

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