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América, El Salvador

Joya de Cerén, El Salvador (Centroamérica Exprés 8)

Se nos pegaron algo las sabanas, pero  no demasiado. Después de desayunar tomamos un taxi para ir hasta la Estación de Autobuses de Occidente (según recomendación de una viajer@, para un turista no es nada recomendable ir a pié por la ciudad) y desde allí el bus interurbano a Opico que nos dejó en la puerta del Parque  Patrimonio de la Humanidad.

El taxi que nos llevo a la estación de autobuses del Salvador.

Nos llamó la atención la amabilidad y la belleza de las salvadoreñas, lo arreglados y coquetos que iban ellos, pero sobre todo el buen trato que nos dieron todas las personas con las que coincidimos: me regañó más de una amable señora porque estaba mostrando demasiado la cámara en lugares poco seguros…, yo iba haciendo fotos a todo aquello que me llamaba la atención, sin discriminación… Después de tanta insistencia de que guardara la cámara, y la de Jose diciéndome que hiciera caso a las personas locales, guardé mi cámara a regañadientes hasta llegar a Joya de Cerén.

Después de ver el cartel anunciando que Joya de Cerén estaba a 100 metros, ¡La emoción me impidió seguir sentada!.

Tenía muchas ganas de ver las ruinas, estaba muy contenta e inquieta, hasta el extremo de contagiar a Jose.  ¡Me entusiasmaba la idea de ir a visitar unas ruinas tan poco conocidas! (cuanto apenas encontré información, o sea, que muy conocidas desde luego no son).

¡Ya habíamos estado en la Pompeya romana, y ahora nos tocaba la maya!

Sobre la civilización maya se conocían hasta entonces muchos de los detalles de la vida en los templos ceremoniales, de sus juegos, de la forma de vivir de las realezas y de comerciantes ricos, etc., pero se sabía más bien poco, de cómo viva el pueblo llano.

Tras una erupción del  volcán Laguna Caldera, aproximadamente en el año 600, a las 21 horas, al igual que Pompeya, Joya de Cerén quedó completamente sepultada bajo más de cinco metros de cenizas, gracias a ellas el poblado se conservó, pero a diferencia de Pompeya, no se han encontrado cadáveres humanos, pues al parecer pudieron evacuar el poblado a tiempo. Sólo se han encontrado los huesos de un pato que estaba atado y el de un ratoncito que se quedó atrapado, ambos expuestos en el museo.

IMG_0414El parque arqueológico de Joya de Cerén es de un valor incalculable, ya que es un poblado maya de artesanos y agricultores, el cual fue descubierto por casualidad en 1976 cuando una empresa constructora estaba removiendo la tierra.  Se encontraron cuchillos de obsidiana, piedras de moler, ollas colgadas del techo con comida y restos de la cena de aquel día, muchos de ellos expuestos en el museo. Su descubrimiento fue un gran avance, dado que se pudo saber lo que comían y cosechaban, y que por aquel entonces los agricultores ya utilizaban técnicas de riego, y que después del duro trabajo en el campo, se relajaban en la sauna. Gracias a la técnica del sondeo por radar se sabe la extensión y configuración de todo el poblado.

El parque está dividido en dos partes: el museo y las ruinas. En la entrada va incluido el guía tanto en el museo, como en la ruina (los guías aceptan donativos).

Panorámica de lo que vimos, cuando fuimos en Las Runinas

Al poco de entrar, la amable guía nos indicó que nos esperáramos un poco,  ya que estaba entonces con una visita en el museo y, si no nos importaba, podíamos hacer la visita al revés: primero la ruinas con el grupo que estaba dentro del museo y después el museo. Cuando el grupo salió del museo, la guía nos indicó que nos uniéramos al grupo para ver las ruinas.

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Al fondo se ve la Sauna, según nos explicaron, después de la jornada laboral, se visitaba la sauna

Las ruinas eran más pequeñas de lo que me esperaba, pero no nos defraudaron. Desde luego ayudaron mucho las explicaciones de los guías, gracias a los cuales nos hicimos una buena idea del modo de vida del pueblo, que no es muy diferente a la vida rural actual.

Los muros de adobe armados en las viviendas, con una malla interna de caña

Sólo permanece abierta y expuesta una pequeña parte de las ruinas, el resto está a la espera de encontrar o descubrir técnicas más baratas de conservación, aunque más bien, lo que falta es inversión. Según nos estuvo explicando el guía, el mayor peligro en la conservación es la fauna, pájaros, roedores, serpientes, etc.,  que puede construir sus nidos y madrigueras dañando el hallazgo. Jose y yo herramos muy conscientes de lo privilegiados que eramos al estar viendo un pedacito de historia maya.

¡Estábamos en el lugar que  hizo rectificar por los restos que hallaron como vivían los mayas!  

Vivienda de la Hechicera

Puede contemplarse, como era la construcción de los muros de adobe armados en las viviendas  (con una malla interna de caña), técnica reciente en los muros de hormigón armado… Huertos, saunas, adornos en las paredes, etc. También el techo de las viviendas se cubría, se impermeabilizar de la lluvia. Fue todo un descubrimiento, por qué estaban mucho más avanzados de lo que se creía, en su modo de vida.

Llama también la atención el trenzado de adobe, aportando elegancia y distinción de la vivienda.

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Estante del museo

La vajilla de la época.

La visita al museo fue explicada por otro guía, también salvadoreño, que iba acompañando a un grupo de colombianos de viaje por Centroamérica. Después de la visita al  museo nos invitó a acompañarlo en las ruinas y lo hicimos encantados. Tuvimos la gran suerte de visitar las ruinas  dos veces, la primera con la guía oficial y después con el otro guía. Cada uno se centró en aspectos diferentes de las ruinas.

¡Disfruté doblemente de la visita!

El bus que cojimos desde la puerta de Las Ruinas hasta San Salvador

Después de la visita nuevamente cogimos el bus hasta San Salvador, después el taxi al hotel, y de allí con nuestro equipaje a la estación internacional de King Quality para continuar nuestro camino hacia Guatemala, despidiéndonos de un país que aunque inseguro, nos sorprendió por la gran simpatía y amabilidad de sus gentes.

¡El mundo a mis pies!

NOTA: Quisiera animar a que se visite El Salvador, es un pais muy bonito y fascinante, con precaución se puede ir sin problemas, tranquilamente… y prueba de ello es que en el bus:

¡Nos cruzamos con varios parejas de felices jubilados norteamericanos que viajaban solos!

Nos hospedamos en el Hotel Villa Florencia Centro, está muy cerca de la estación de autobús, muy recomendable. Las habitaciones son pequeñas, estaba muy limpio y el conserje muy amable. Facilitan información.

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